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Viaje a las Raices vascas.

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por: patilucho

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Viaje a las raíces vascas

Todo comenzó en marzo del 2005, cuando recibimos un llamado desde el País Vasco (lo digo así pues ellos dicen que no son españoles sino vascos). El que llamaba pidió hablar con Susana, mi esposa; le dijo que desde hace tiempo la estaba buscando y comenzó a relatarle una historia que,decía, su abuelo le contaba cuando él era niño.Resulta que su hermano mayor –huyendo de la guerra– había venido a vivir a la Argentina (a él su madre no lo dejó) y nunca más se vieron; desde entonces tuvieron contacto sólo por correo. El hermano le comentaba en las cartas que le escribió durante años que se había casado, que había tenido un hijo, José, y luego una hija,María (justamente la mamá de Susana).Quien llamó, José Luis (que era primo segundo de Susana), también contó que su abuelo le había prometido alguna vez traerlo a la Argentina para visitar a sus parientes pero que no pudo cumplir su promesa; y que como en esos días se casaba, pensaba venir de luna de miel para encontrar a sus primos y así, a la vez, cumplir con el sueño de su querido abuelo.La conversación por teléfono fue larga y fluida. Entre otras cosas,arreglaron conocerse y estrechar vínculos perdidos con el tiempo y la distancia, intercambiar fotos, comentarios de la familia, etcétera. A partir de ese momento me involucré en esta hermosa historia, de la que nació una profunda relación. Ese mismo año decidimos ir nosotros también a visitarlos a ellos, disfrutar de toda nuestra "nueva" familia y de paso aprovechar para recorrer parte de Europa.En junio llegamos a casa de los primos, 23 kilómetros al oeste de San Sebastián, en un pequeño y pintoresco pueblo llamado Getaria, de unos 2.500 habitantes. Está ubicado sobre la costa de la provincia vasca de Guipúzcoa, que se encuentra bañada por el bravo Mar Cantábrico. Es un pueblo muy tranquilo, con una hermosa playa y un importante puerto pesquero; allí nació el modisto Cristóbal Balenciaga y el famoso marino Sebastián El Cano, en cuyo monumento encontramos una placa de bronce de nuestros marinos de la Fragata Libertad. La característica sobresaliente de Getaria es "el ratón", una pequeña península que termina en el monte de San Antón y que recibe dicho nombre por su peculiar forma. Después de conocer, compartir y disfrutar con la numerosa familia que Susana no se había imaginado tener, José Luis y Amaia, su flamante esposa, nos llevaron a recorrer parte del variopinto País Vasco. Por mi lado, al programar este viaje al viejo continente, recordé que un hermano de mi abuelo materno de apellido Iros y descendiente también de vascos, había viajado en el año 1963 a Europa y había buscado puntualmente la casa que era de sus padres (oriundos del país vasco francés). De ese viaje había muchas fotos y afortunadamente varias estaban en mi poder. Detrás de ellas, el tío había escrito algunos breves comentarios, como ;pueblo Jean Pied de Port;, o;Lasse;. Yo no sabía si los había encontrado, y ninguna precisaba la dirección. Llevé las fotos conmigo y se las mostré a José Luis, quien reconoció algunos de esos sitios; estaban a unos 100 km de Getaria. Allí mismo se ofrecieron a llevarnos, todos juntos trataríamos de encontrar la casa que era de mis bisabuelos, y entusiasmados con la nueva aventura, partimos en busca del lugar de mis ancestros. Salimos con mucha expectativa. Pasamos por Irum, última ciudad de España en la frontera con Francia; y llegamos a Biarritz, famosa ciudad de la costa cantábrica francesa. Desde que en 1854 el emperador Napoleón III y su esposa compraron allí unas dunas frente al mar es considerada la Mónaco del Atlántico. De ahí nos apartamos de la costa para ir hacia el este por caminos rurales, abstraídos por el tapiz verdoso que cubre a Los Pirineos, los campesinos en sus tractores desafiando las pendientes, ovejas pastando libremente y la bella melodía que producía el constante y armoniosos tintineo de sus cencerros. Más adelante, llegando a Jean Pied de Port, la capital de la baja Navarra a orillas del río Nive, encontramos un cartel que indicaba el desvío hacia Lasse. Luego de unos pocos kilómetros comenzaron las sorpresas, pues una de las fotos que tenía era casi igual a lo que mis ojos estaban viendo. Parecía como que el tiempo se hubiera detenido en Lasse,un pueblito sumamente apacible con sólo un puñado de casas. Era exactamente el mismo que en las fotos del 63. Lo habíamos encontrado, pero aún nos faltaba saber cuál era la casa de mis bisabuelos. Detuvimos la camioneta frente a la capilla y encontramos a un grupo de señores sentados conversando animosamente. José, con las fotos en la mano, se les acercó y en euskera (su idioma) comenzó a dialogar con ellos. Instantáneamente intuí que íbamos por buen camino, estábamos cerca. Y tan cerca resultó que estábamos, que cuando José volvió dijo: "¡es acá enfrente! A sólo unos 20 o 30 pasos vive una señora viuda de uno de los Iros. Del resto de la familia ya no queda nadie en ese lugar." Con curiosidad y esperanza golpeamos la puerta. Nos atendió Teresa, una agradable señora de unos 70 años, elegante y bonita, de pelo cano. José Luis, que por esos momentos estaba sumamente feliz de ser nuestro interlocutor, le explicó en vasco lo que andábamos buscando y ella, en un perfecto español (era vasca española casada con un vasco francés) preguntó quién de nosotros era Iros y yo relaté mi parentesco. Nos hizo pasar a su casa. Sentados cómodamente alrededor de una mesa le comenté la historia: que en el año 1963 un hermano de mi abuelo había estado por allí. Le mostré las fotos que llevaba y le dije que él nos había contado que estuvo con los primos de su padre. Teresa me interrumpió para agregar que precisamente era con ella y su marido que el tío había estado. La sorpresa fue enorme. Creo que tan sólo en pocos segundos pasaron por mi mente un montón de situaciones, sentimientos, sensaciones y emociones. Fuimos con tan pocos datos, sólo algunas viejas fotos y de pronto toda la historia familiar estaba ahí, frente a nosotros, lista para revelarse, descubrirla y recorrerla. Teresa se levantó y trajo una vieja caja de cartón, de esas en donde se guardan celosamente viejos recuerdos como tesoros, con un montón de cartas que tenía del tío Juan, el hermano de mi abuelo. Dentro de la caja, entre otras tantas, aparecieron también las mismas fotos que yo tenía. Teresa contó además que él les había enseñado a bailar tango en el patio de su casa, que ellos quedaron encantados y que por largos años se siguieron escribiendo. Nos llevó a conocer una bella capilla, pegadita a su casa. En el fondo se encontraba el cementerio del pueblo, donde están cada una de las tumbas de los Iros. Tímidamente le pregunté si esa casa (en donde ella vivía) era la casa de mi bisabuelo.;No, no es esta, me contestó, pero de todos modos te llevaré a verla". Nos explicó que la casa ya no era de la familia pues fue vendida y luego restaurada. Todo el camino era zigzagueante y asfaltado. El paisaje del País Vasco es de un verde profundo impresionante, donde se ven pequeños lotes de campos ondulados con cereales y pasturas rodeados de árboles, vacas y ovejas, una postal. En un lugar determinado del camino, Teresa nos señaló una vieja casa donde había estado Carlomagno el 15 de agosto de 778 jugando al mus con un jefe moro. En Europa la historia está en todas partes, al alcance de la mano. Finalmente llegamos a una casa enclavada en la montaña, nos bajamos del auto y caminamos por el camino frente a ella. Teresa me mostró un añejo lavadero al pie de una caída de agua de vertiente que antaño era utilizado para lavar. El agua seguía corriendo y caía más allá en un bebedero de animales. Regresamos a dejar a Teresa en su casa y retornar a Guetaria porque ya se hacía tarde. Me costó dejar ese lugar que tantos recuerdos me había regalado. Dejando un poco de lado la historia familiar de todo el viaje, quisiera acotar que tanto la gente como los paisajes de toda la zona son muy, muy bellos. Pequeños pueblos escondidos en medio de una frondosa vegetación. Cada caserío mantiene su arquitectura y no está permitido derrumbar nada. En esos pueblos se mantiene pura la tradición, en cada fiesta se realizan las mismas actividades que se hacían hace décadas: hacheros y levantadores de rocas que comparan fuerzas, carreras de bueyes tirando pesadas piedras... En todos estos eventos hay apuestas y los que los realizan son profesionales; las cuadrillas (grupos de personas que se unen para compartir cantos, bebidas y juegos) de cada poblado van cantando por las calles, desde los balcones les tiran baldazos de agua y los convidan con Txacoli, típico vino blanco vasco, hasta la plaza donde torean novillos sin matarlos. Aconsejo también visitar San Sebastián con su famosa Playa de la Concha y su festival internacional de cine; y por supuesto Bilbao, con el Museo Guggenheim recubierto con láminas de titanio que parece cromado. En su parte exterior hay esculturas, fuentes y el famoso perro gigante hecho de miles de plantines de diferentes flores. Tampoco hay que perderse de visitar la Ermita de San Juan de Gaztelugatxe, el santuario marítimo más importante del País Vasco construido sobre un promontorio; ni dejar de ir a Guernica, la ciudad que inspiró a Picasso para pintar la célebre obra que lleva su nombre. Nuestro viaje incluyó todos esos lugares y nos resultó rico en todo sentido. Lo paisajístico, lo pintoresco y lo cultural se complementó a la perfección con nuestra propia historia personal.

 

6 de Marzo, 2012

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Comentarios » Hay 2 comentarios

  • 2 littor Ver perfil del usuario

    2010-06-03 05:13:11

  • Me ha encantado tu diario, es cierto que la historia se encuentra en todas partes y el País Vasco está lleno de ella. Es una lastima que por problemas internos se de mala imagen al exterior con esos terroristas... pero son cuatro que hacen ruido, el resto son una gente genial.
    Te dejo una página con información de País Vasco por si quieres ampliar el diario.
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  • 1 HernanIros1967 Ver perfil del usuario

    2010-03-29 13:06:40

  • Mi nombre es Hernán González Irós, el relato de tu viaje lo he escuchado desde chico, mi tío abuelo, Juán Irós, es a quien vos te referís, tengo las fotos que comentás, con los datos escritos por la parte de atrás, era hermano de mi abuelo, José Irós (Pocholo). Quisiera que intercambiemos más información sobre nuestro apellido. Mi e-mail es irosalsipuedes@yahoo.com.ar te saludo.
    Hernán
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