Crónicas de Viaje
(6) (0)Cómo sobreviví a la odisea del volcán en Europa
Sábado 17 de abril de 2010
Era mi último día en París. Sabía lo del volcán de Islandia pero no tenía idea de las dimensiones del problema. Busqué mis cosas en la estación Montparnasse, donde había guardado mi equipaje para recorrer durante todo el día esa hermosa ciudad, y me dirigí a un hotel cerca del aeropuerto para pasar la última noche.
Después de cenar, una corazonada me dijo que fuera hasta el aeropuerto “Charles de Gaulle” y confirmara mis sospechas. Todos los vuelos estaban cancelados, el lugar estaba desierto. ¡Casi me muero! Una pantalla decía en francés: “Charles de Gaulle permanecerá cerrado hasta el domingo 19 a las 20.00 horas como mínimo”. Igualmente, con pensamiento positivo, me fui a dormir pensando que iba a encontrar una solución para volver a casa.
Domingo 18 de abril de 2010
Mi cabeza estaba a mil por hora. De alguna forma tenía que llegar a Frankfurt. Busqué un mapa y comencé a planear cómo viajar por tierra. En Internet encontré el sitio de www.tgv-europe.es, donde figura la información sobre los horarios y los recorridos de trenes y ómnibus de larga distancia que recorren toda Europa.
Con la información en la mano y todo mi equipaje, me fui a la estación a sacar mi pasaje. Después de viajar por 45 minutos y hacer combinación en tren y metro (€ 8), por fin llegue Gare de l´Est. La estación era un hormiguero de gente. Y para peor, todos los pasajes a Frankfurt y al sur de Alemania estaban agotados, por ese día y por los sucesivos.
Entonces tuve que improvisar un plan C: la única manera de salir de ésta trampa era viajar a Luxemburgo (€ 90). Me puse en la cola de la boletería. Tenía 50 personas delante y sólo 30 minutos para la salida del tren.
Cuando faltaban 10 minutos para que mi tren saliera, todavía no tenía el boleto. Entonces, agarré mis cosas y encaré hacia la plataforma de salida. Una vez ahí, encontré un guarda al que le pregunte si podía comprar un ticket arriba del tren, conmovido por mi cara de desesperación me dio el OK. Me volvió el alma al cuerpo, sin peder tiempo subí y empecé a pensar la siguiente fase.
Dos horas después estaba en Luxemburgo. Si el francés me era difícil, el alemán me resultó imposible. Por suerte tenia el inglés!! Corrí a la boletería y pedí un pasaje en el primer tren a Frankfurt que tuvieran. Me explicaron que en media hora salía un tren, pero que debía sumarle dos tramos más para poder llegar (€60). Para hacer ambas combinaciones tenía menos de 10 minutos. Eso significaba correr con todo el equipaje encima. Compré el pasaje y me entregué …
Por suerte no perdí ningún tren, corrí mas de lo pensado, pero a las 23.30 había llegado a Frankfurt. Ahora el nuevo desafío era hallar un lugar para dormir. Caminé varias cuadras hasta que encontré un hotel. Estaba agotado, me dolía cada parte de mi cuerpo, había cargado con 35 kilos de equipaje. Pagué 40 Euros por una cama y un baño compartido. No me importaba nada, sólo quería desmayarme en la cama.
Lunes 19 de abril de 2010
Bien temprano, me fui a la estación de Frankfurt a sacar un boleto hacia el aeropuerto (€3.80). Todo estaba en alemán y el ticket lo tenía que sacar en una máquina. No tenía ni la menor idea de cómo hacer. Un alemán, que me vio perdidísimo me ofreció su ayuda. Por el mismo andén pasaban 5 líneas y en ninguno de los mapas decía o había una señal del aeropuerto. Este ángel de la guarda me dijo que el aeropuerto se llamaba Frankfurt (M) Flughafen Fernbf, también me indicó qué línea tomarme y a cuantas paradas estaba. Seguí sus indicaciones hasta que llegué al aeropuerto y, una vez más, me topé con un tablero que indicaba que todos los vuelos seguían cancelados.
Mis esperanzas se fueron al tacho. Mi viaje fue por trabajo, hacía ya tres meses que estaba lejos de mi casa, solo, y lo único que quería era volver. En Lufthansa me decían que hasta las 20 no iban a tener novedades. Mande sms a mi familia para avisar mi situación y para pasar el tiempo busqué una maquina con Internet. Hacía al menos 48 horas que no escuchaba hablar el español, hasta que en ese momento escuché a una persona hablando ingles que decía que era de Venezuela. Lo alcancé. Su nombre era Rafael, estaba varado desde el viernes, viviendo en el aeropuerto. Tenía 45 años, había viajado por trabajo y, el día anterior a su vuelo, había gastado su dinero en regalos para su familia. Sólo contaba con € 170. Su situación económica era parecida a la mía. Me adoptó y me mostró donde dormía, dónde cargar el celular y dónde dejar las valijas. El aeropuerto estaba repleto de gente que vivía allí.
Lo primero que hicimos fue poner mis valijas bajo seguridad. Pagaba por bulto €5 las 24hs. De esta forma me sacaba un peso de encima y también una responsabilidad.
Después, me mostró dónde dormía. Era un sector poco transitado del aeropuerto, donde estaban la oficina de la policía y la puerta de acceso del personal de aerocontrol. Esto lo hacia una zona segura para poder descansar.
Ya eran las 14 y mi estómago empezaba a hacer ruido. Rafael me llevó al supermercado del aeropuerto. Los precios eran como los de la ciudad… no tenían nada que ver con los otros negocios. Por ejemplo, una botella de agua mineral de 500ml costaba € 2.5 en las máquinas expendedoras y € 0.65 en el supermercado. Como bonus track podías poner a reciclar tu botella y obtener por esto €0.25. Mi bolsillo agradecido!
También me compré el diario El país, necesitaba leer algo en mi idioma y saber lo que estaba pasando con respecto a los vuelos. El diario decía que se habían cancelado hasta ese día aprox. 60 mil vuelos en toda Europa dejando un saldo de 6 millones de personas varadas. El espacio aéreo de Inglaterra, Francia, Alemania, Finlandia, Suecia, Noruega, Polonia, Suiza e Italia estaba completamente cerrado. En ese momento me arrepentí de haber comprado el diario. La noticia no era mala, era pésima! Para peor, el diario pronosticaba que la situación no iba a mejorar.
Con la panza llena y el corazón triste, me fui a recorrer el aeropuerto en busca de alguna esperanza. Sin rumbo, encontré dónde bañarme. El costo era de €10 con toalla y shampoo incluidos, pero debido a esta situación, si presentabas tu pasaporte y tu pasaje era gratuito. También encontré dónde comer gratis. Con estas dos buenas noticias volví en busca de Rafael.
Fuimos juntos hasta el comedor que estaba ubicado en el hall de acceso a la Terminal 2. También habían montado unos cuantos catres para que la gente pudiera descansar mejor. Pero todos estaban ocupados y el ambiente no inspiraba confianza. Como comida servían el catering del avión.
Antes de irnos a dormir, alrededor de la medianoche, emprendimos nuevamente el reclamo en la ventanilla de Lufthansa. Nos atendió una señora muy amable que, cuando supo que vivíamos en el aeropuerto, se puso pálida! Entonces trató seriamente de buscar una solución. A Rafael le confirmó un asiento en un vuelo a Caracas para el día siguiente por la mañana. Mi situación era más difícil porque los martes no salían vuelos para la Argentina. La única solución era ponerme en lista de espera para un vuelo hacia San Pablo que salía al día siguiente por la noche. El trayecto San Pablo-Buenos Aires, corría por mi cuenta. A esta altura solo quería cruzar el charco!
Martes 20 de abril de 2010
Dormí poco. El banco que hacía de cama, era bastante incomodo y mi cabeza no paraba. Después de lavarme los dientes e ir a desayunar, volví a la carga con Lufthansa. Me dijeron que tenía que tener paciencia hasta la noche.
Acompañé a Rafael hasta su vuelo, intercambiamos mails y abrazos, y nuevamente volví a estar solo! Para pasar el tiempo fui a internet. Como solo tenes 10 min. para usar la compu en forma gratuita, contacté a un amigo para que me buscara vuelos de San Pablo a Buenos Aires. Volví a Lufthansa con la esperanza de que me confirmen asiento y nada. Recorriendo el aeropuerto encontré a un grupo de chicos, uno de ellos con la camiseta de River, por fin argentinos. Charlamos largo rato y llegó mi turno de ayudarlos como lo había hecho Rafael conmigo.
Por fin, se hizo la hora de hacer el chek in… pero no era tan fácil. Primero debían embarcar los asientos confirmados (unos 400) y, si quedaba lugar, llamarían a quienes estábamos en la lista de espera. Mientras pasaban los nombres me comían los nervios. Después de unas 70 personas creí escuchar mi apellido. La chica de embarque me dijo que no estaba en la lista y que siguiera esperando. Estaba a punto de ponerme a llorar cuando escuché “Mrs. Gando. Sorry, I coudn’t see you in the list. Come on, take your boarding pass”. Creí que me desmayaba, quería gritar, quería abrazar a la gente, estuve a apunto de besar a la chica. Quería invitar a todo el aeropuerto una ronda de cerveza!!!!
Llamé a mi familia mientras subía corriendo al avión. Por fin abandonaba el viejo continente!
Miércoles 21 de abril de 2010
San Pablo fue facilísimo. Llegué y saqué un pasaje por Gol a Buenos Aires. A la hora estaba arriba del avión. Por fin, la pesadilla se había terminado y, antes del mediodía, pisaba suelo Argentino.
Martín Gando
gandomartin@gmail.com
23 de Abril, 2012
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rodolfitocanada
2010-08-18 22:33:33
- TU RELATO ES GENIAL,FELICITACIONES MARTIN TUS COMENTARIOS SON DE MUCHA UTILIDAD.Y CUANDO SE HAN PASADO LOS 50 MUCHO MAS.YO YA PEINO MUCHAS CANAS PERO SOY MUY AVENTURERO Y ME GUSTA ANDAR TODO LO QUE PUEDA...PERO TU HISTORIA ME ENCANTO Y EL AÑO QUE VIENE,POR JULIO DEL 2011 ME VOY A EUROPA COMENZANDO POR LONDRES Y ESPERO CONOCER PARIS,MADRID,LA COSTA DEL MEDITERRANEO,CERCA DEL ALMERIA DONDE TENGO PARIENTES Y LLEGAR A ITALIA.DE TODAS MANERAS YA VIAJE CONTIGO...GRACIAS POR LLEVARTE A TANTAS PERSONAS COMO LAS QUE LEAN TU RELATO.SALUDOS DESDE TORONTO, CANADA.
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