Crónicas de Viaje
(11) (0)“Pedal a pedal con la naturaleza”
Una clásica travesía por Los Siete Lagos
Tres socios de ACU emprendieron un viaje desde Junín de los Andes, pasando por los lagos Currurruhe (chico y grande), Epulafquen, termas de Lahuen Co, San Martín de los Andes, Los Siete Lagos, hasta Bariloche. Y nos cuentan su experiencia. Más de 400Km de aventura, y algunos consejos para tener en cuenta.
Por: Luis Medina
Vaya uno a saber de dónde surgió el deseo, de qué rinconcito del alma surgió esa vocación de andar a puro músculo y sudor los maravillosos caminos que conducen a los bosques, selvas y lagos de Neuquén. Cielo, montañas, ríos, senderos; habitados por el duende de la poesía y la magia. Sonidos de la naturaleza, que penetraron en mis sentidos convirtiéndose en mi música predilecta. Maravilla de estar vivo y sentirme integrado.
Despertar para ser el mejor testigo de un amanecer en plena montaña, recorrer la mañana y sus aromas a rocío y pasto húmedo. Luego andar el día, empujado por el viento, compartiendo con mis compañeros de viaje el asombro y el goce de un paisaje de infinita belleza; refrescándonos con el agua pura de las vertientes, o arrojando piedras al lago o simplemente estando allí. El anochecer me sorprendía meditando frente a la inmensidad de algún lago; mi alma parecía desnudarse, para luego sumergirse en las transparentes aguas y surgir renovada, vigorosa y en paz. Solo las estrellas me distraían. Por momentos parecían hablarme, rodearme con su luz y comprender mis íntimos deseos.
PROYECTO Y PREPARATIVOS
El proyecto surgió por contagio. El entusiasmo que transmitían aquellos que habían hecho un recorrido en bici por algunas regiones turísticas del país y del mundo también se instaló en mí. Pero para hacer realidad este sueño no solo fue una cuestión de voluntarismo; la preparación y la planificación, el estado físico y sicológico, fueron ingredientes fundamentales, tanto como contar con un compañero de viaje tan experimentado como Rubén González y otro que hacía su primera experiencia, al igual que yo, Darío Sandoval. Los tres socios de la Asociación de Ciclistas Urbanos (ACU), lugar donde nos conocimos.
Nuestras fieles compañeras de viaje: tres Zenith mountain bike, revestidas con goma de cámaras viejas para protegerlas de los piedrazas, golpes y caídas.
Un domingo me reuní con Rubén para planificar el viaje. Le mostré una lista con todo lo que pensaba llevar. Rubén la leyó y tachó algunas cosas que no eran de importancia y agregó otras que si eran fundamentales. Desplegamos los mapas sobre una mesa y bosquejamos el recorrido, teniendo en cuenta que Darío se incorporaría al grupo unos días después, en san Martín de los Andes – Rubén y yo iniciamos el recorrido desde Junín de los Andes, dos días antes -.
ESTAR BIEN ALIMENTADOS
“Qué vamos a comer”, fue una de mis preguntas. La respuesta me sorprendió; “la comida la llevamos en su totalidad nosotros”, y así fue. Llevamos los desayunos, los almuerzos y cenas para todo el recorrido. Nos alimentamos muy bien. Desayunábamos chocolate caliente y una mezcla de almendras y nueces rociadas de miel (energía pura). Yo me levantaba muy temprano e iniciaba el día con una solitaria mateada contemplando el amanecer. El agua que utilizábamos para preparar las comidas y beber era recogida de las vertientes naturales, por eso siempre es aconsejable acampar cerca de ríos, consumíamos fiambres y queso, y bebíamos jugos. El pan tipo francés no es fácil de conseguir en la zona, por eso en las ciudades comprábamos en cantidad y lo conservábamos en bolsas de polietileno para evitar que se humedeciera.
Al llegar al lago Lolog nos tentamos con unas hamburguesas y un par de refrescantes cervezas, servidas por una no menos tentadora camarera. Todo es más caro que en Buenos Aires, pero si se quiere variar el menú no quedan muchas alternativas.
Durante las tardes parábamos a matear y nos deleitábamos con tortas fritas hechas por gente del lugar.
La cena fue nuestra comida principal. Fideos con distintos tipos de salsas, y arroz en diferentes modalidades de preparación. Productos listos para calentar, de fácil cocción, livianos para transportar y muy sabrosos (que se consiguen en los supermercados), y como refuerzo alguna lata de atún; de postre, barritas de cereal o galletitas dulces, acompañadas por un capuchino instantáneo. Y antes de dormir una barrita de chocolate y un traguito de anís.
Los residuos los juntábamos en bolsitas. Que conviene que sean parte de nuestro equipo de viaje, luego las dejábamos en lugares indicados para tal fin. En algunas oportunidades debíamos transportarlas varios kilómetros hasta encontrar un lugar donde desecharlas.
EL EQUIPO Y LAS BICIS
En lo que respecta al equipo, es obvio decir que la bici es lo más importante y debe estar en perfectas condiciones. Para el viaje en ómnibus las desarmamos y embalamos cuidadosamente en una bolsa de polietileno, de las que vienen con las bicis nuevas y se pueden conseguir (manguear), en nuestra bicicletería de confianza, además nos fue muy útil para proteger las bicis del rocío durante las noches o agregarlas al aislante de la bolsa de dormir, cuando lo hacíamos fuera de la carpa.
La carpa debe ser impermeable y liviana. Estas, por supuesto no son las más baratas. La bolsa para dormir es otro elemento clave, debe soportar temperaturas menores a cero grados, además de ser amplia y liviana. No debemos olvidarnos del aislante, hará más confortable nuestro sueño. De almohada use un buzo polar, pero es mas conveniente las que vienen inflables, que son pequeñas, livianas y económicas.
Para cocinar Rubén aportó su calentador, que funcionaba con combustible líquido, que calentaba rápido y bien, muy superior a los que funcionan con garrafa de gas.
También vale agregar que llevamos algunas herramientas, cámaras y cubiertas, no sería para nada exagerado llevar una cadena de repuesto si es posible. (Ver más adelante).
Durante el viaje nos topamos con varios bicituristas. Nos llamó la atención una solitaria ciclista con la que nos cruzábamos habitualmente. Luego la conocimos, se llama Silvia, es chaqueña, y vive en Mendoza, y allá trabaja como docente. La invitamos a comer un asado y compartir experiencias, ella como buena hija adoptiva de la región cuyana aportó el vino.
COMO LLEVAR LA CARGA
Cargar la bici es otro punto de importancia. La carga debe estar bien repartida y equilibrada. Muy bien ajustada, nada suelto. Son muy útiles las correas y redes elásticas. También es conveniente llevar nylon para cubrir toda la carga protegiéndola del polvo y la lluvia. También es importante llevar linternas. En esto Darío nos ganó a todos. Su linterna amarilla era gigante, muy pesada también, y ocupaba mucho lugar en el equipaje. Mejor llevar una pequeña o el mismo farol de la bici, que Darío también llevó, por las dudas.
LOS PUNTOS DEL RECORRIDO
El viaje tuvo algunas etapas muy exigentes, que no solo pusieron a prueba nuestro estado físico, sino principalmente nuestra voluntad. Me refiero a la etapa inicial en la que recorrimos los lagos Currurruhé Chico y Grande hasta Laguna Verde y luego atravesando la Selva Valdiviana y El Escorial hasta llegar a las Termas de Lahuen Co, cerca del límite con chile donde finalmente acampamos a la orilla del Lago Epulafquen. Esta es una zona volcánica, con sorprendentes formaciones de roca y arenas negras. En la región se destacan además los lagos Paimún y Huechulafquen. Desde algunos lugares se puede divisar la silueta el imponente Lanín con sus nieves eternas.
Con Rubén nos encaminamos hacia San Martín de los Andes, allá nos esperaba Darío. Recorrimos el bravo lago Lolog y luego fuimos por una ruta de ripio hasta unos caracoles en bajada, que aumentaron nuestra adrenalina. Después de un largo descenso por asfalto llegamos al camping del ACA, donde sumamos a nuestro tercer compañero, armamos la carpa y nos dimos una reconfortante y merecida ducha – buena para nosotros y también para quienes nos rodeaban -.
Al otro día visitamos el lago Lacar, e iniciamos el camino de los Siete Lagos que nos dio la bienvenida con una subida de casi 12 Km., por suerte asfaltados.
Acampamos en el Lago Hermoso, en el Falkner, el Villarino, el Traful, la Laguna Fría, el Correntoso, y los lagos Espejo Chico y Espejo, hasta llegar al majestuoso Nahuel Huapi. Todo un recorrido maravilloso y exigente.
Caminatas, fotos, buena comida, charlas, bromas, historias de luces malas y aparecidos condimentaban el viaje.
GUARDA CON LOS PROBLEMAS
Darío tuvo algunas dificultades con los cambios, no podía usar el piñón uno, lo que le hacía más difícil pedalear en las subidas. Todo transcurrió mas o menos bien hasta la rotura de mi bici; episodio que agregó una cuota de tensión, pero aumentó mi experiencia. Faltando pocos kilómetros para llegar a Villa La Angostura, en una subida muy exigente sobre camino de ripio, se me rompió la cadena y además se dobló levemente la pata del cambio. Por suerte pudimos hacer una reparación de emergencia y continuamos. En Villa La Angostura conseguí que en una bicicletería me la reparen. Tuve suerte de que el inconveniente no se hubiese presentado en otra etapa del camino, me hubiera complicado mucho el viaje.
LA VILLA Y EL BOSQUE
Villa La Angostura fue la ciudad que más me gustó. Muy pintoresca. Nos llamó la atención lo bien equipados que están los ciclistas allí. Bicis de buenas marcas y con componentes de primera. Al mismo precio que en Buenos Aires. Las bicicleterias de la zona son buenas, solo hay que tener paciencia y no son caras.
Les recomiendo visitar el bosque de Arrayanes, hacerlo sin equipaje, para ir livianos; son 30 Km. inolvidables que ponen a prueba nuestra habilidad como ciclistas. Fue de lo mejor del viaje. ¡Imperdible!
En la villa, por la noche concurrimos a una pizzería ubicada en la calle principal, por supuesto fuimos en bici, las que atamos con cadenas a una columna. Nos sorprendió como la gente del lugar dejaba sus rodados sin seguridad, y eso que no eran precisamente bicis de supermercado. Qué bueno, ¿no?
ULTIMO TRAMO A BARILOCHE
Al otro día comenzaba la parte final. El viaje hasta San Carlos De Bariloche lo hicimos en dos etapas. La ruta que bordea el lago Nahuel Huapi es angosta y está en buenas condiciones, pero hay que tener mucho cuidado ya que circulan muchos camiones y autos, a gran velocidad. Acampamos en un camping agreste, a 60km. De Bariloche, frente al Nahuel Huapi. Fue el último día de contacto íntimo con la naturaleza.
Almorzamos bien, por la tarde, mate y torta fritas. Hicimos mucha fiaca. ¡Qué sacrificio!
¿Y Buenos Aires? ¿Dónde quedaba Buenos Aires? ¿Qué día era? ¿Qué hora? En ese momento a ninguno de los tres nos importaba eso.
Al otro día a las 8:30 salimos y a las 11:00 estábamos en Bariloche.
Darío tuvo el record de velocidad en asfalto: 64,4 kmh., con Rubén compartimos el cetro en los caminos de tierra 60kmh., en bajada por supuesto.
Seguramente queda mucho por contar, mucho que tiene que ver con las impresiones, imágenes, y sonidos que serán parte de nuestra historia de vida, y que estarán en nuestros mejores recuerdos.
En nuestras charlas de campamento, compartiendo la cena, recordamos con nostalgia nuestras primeras bicis y la emoción que nos produjo el día que pudimos pedalear sin ayuda de nuestros padres o de las clásicas rueditas. ¡Espero poder volver en otra oportunidad! Quedó mucho por recorrer. También espero contagiar el entusiasmo que llevó a pedalear mas de 400km. en mi bici.
Luís
2 de Enero, 2012
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