Crónicas de Viaje
(4) (0)De nuestro viaje: México entre Aztecas, Mixtecas, Olmecas y Mayas......
Chichén-Itzá, México — domingo, 6 de junio de 2010
Antiguas leyendas dicen que Uxmal está unida bajo tierra por un túnel, con Chichén Itzá, uno de los míticos centros religiosos de los mayas. Nosotros sin embargo fuimos por la superficie y por una linda carretera, núm. 180, con rumbo a Cancún. Hay líneas de buses públicos que salen cada hora
.
El primer día en Mérida, contratamos en la empresa Turitransmérida la excursión Chichén Itzá drop off Cancún ($ 600,00 u$s 48,00 c/u) que incluía visita guiada a Chichén Itzá, almuerzo, entradas y luego traslado a Cancún. A las 8,45 hs., Manuel, guía del tour pasa por el hotel, luego de buscar otros turistas, el bus con aproximadamente 20 personas, parte hacia Chichén Itzá. En el camino, Manuel a veces en español, otras en inglés convertía en sonido, lo que observábamos por la ventanilla del bus.
Cuando se llega a la zona arqueológica, al igual que en Uxmal, se encuentra con un modernísimo parador turístico, baños, restaurantes, tiendas, lugar para guardar equipajes, un pequeño museo y puestos comerciales de artesanías y regalos de todo tipo y precios, caros en comparación con otros lugares de México. Dentro de la zona arqueológica hay una sucesión interminable de vendedores ambulantes, a los que se recomienda no comprarles, para que se vayan del lugar, pero sus precios son considerablemente menores que los de los locales comerciales, no acosan con sus ofertas.
Chichén Itzá es uno de los destinos de México más famosos y simbólicos de todo el país, sin lugar a dudas es un importante sitio arqueológico de la península de Yucatán, a 120 Km. de la ciudad de Mérida. Fue la antigua capital de la cultura maya, este es un importante vestigio renombrado de la civilización maya, las edificaciones corresponden a la época de la declinación de la propia cultura maya, llamada periodo posclásico por los arqueólogos.
La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. El 7 de julio de 2007, fue reconocida como una de las "Nuevas Maravillas del Mundo", con este nombramiento Chichén y Yucatán están en los ojos del mundo.
Aunque hemos estudiado el mundo maya y hemos vistos varios videos y montones de fotografías, Chichén Itzá es como para quitarle a uno la respiración. Al contemplarla, Nora cayó como en trance. Ahí estaba el famoso Castillo o Pirámide Kukulcán, rescatado para la ciencia y sobre todo para los miles de turistas que llegan allí, más al norte el Templo y pirámide de los Guerreros, con su famoso chac mool, hacia el sur el inmenso estadio de pelota, donde los perdedores pagaban bien cara la derrota: con su vida; más allá un horizonte de selva baja y espinosa de acacias, tules, mimosas. Pero en medio de esta selva… “¡la ciudad sagrada de Chichén Itzá!, dijo Nora, finamente saliendo de su meditación.
El sitio está dividido en tres áreas: el grupo norte (estilo Tolteca); el grupo central (del período temprano) y el conocido como “viejo Chichén”. Sus edificios varían en el grado de conservación. Los mejor conservados son El Castillo y el Juego de Pelota, éste es el único al que se puede acceder.
El juego de luz y sombra en el templo, la cual crea una ilusión óptica: La de una serpiente que se mueve. Son muchos los turistas que se llegan a Chichén Itzá para vivir la experiencia de la magia maya.
Despúes de una hora y media, de los que 30 minutos se dedicaron a la fotografía y el resto a comentarios del guía, que no difieren en nada de lo que escuchamos de otros en el mundo maya, en el sector Norte o "nuevo Chichén" (estilo Maya con infuencia Tolteca), con sus edifidios Pirámide de Kukulcán, Templo de los Guerreros, Templo de Venus, Templo de los Jaguares y Muro de las Calaveras y el Juego de Pelota, quedamos en libertad por solamente 40 minutos recorrer el Cenote Sagrado y el "viejo Chichén" (con estilo Puuc).
Por suerte, como en las anteriores visitas, teníamos un buena Guía del Mundo Maya, lo que nos permitió movernos rápidamente y localizar los principales edificios del "viejo Chichén" y apreciarlos desde su exterior, su ingreso está restringido por su preservación; el magnífico "Caracol", esta maravilla arquitectónica es la que más atrajo mi atención, al igual que otras construcciones similares en otras ciudades mayas, como la Torre en el Palacio de Palenque, situados en el corazón de las ciudades. Estos edificios son la Universidad Autónoma de los Mayas. De los mayas se sabe que se sabe muy poco, por eso sus ruinas están abiertas a miles de teorías, muchas de ellas disparatadas. Pero, sabemos algo: sabían de matemáticas, de astronomía, de arte, de arquitectura, de medicina y de otras muchas cosas. No hay duda: era un pueblo realmente sabio.
Lo sorprendente no es tanto el conocimiento astronómico, sino cómo lo hicieron. Sin contar con instrumentos de precisión, tales como el gnomon o la clepsidra de los antiguos sabios egipcios, llegaron a mediciones espectaculares, gracias simplemente a la pura y constante observación.
Así, determinaron por ejemplo, la órbita de Venus (de 584 días) con un error de sólo 14 segundos; o profetizaron 69 eclipses en 39 años; o calcularon el tiempo de un año más exactamente que nuestro actual calendario gregoriano, equivocándose en un día cada diez mil años. Y… cuánto más. Todo ello con la idea de utilizar estos datos en la agricultura, la predicción, la religión o en la vida cotidiana.
Muchas de sus prácticas, han quedado ocultas por la increíble acción del obispo incendiario de Yucatán Fray Diego de Landa, (alrededor de 1560) que se le ocurrió quemar todos los códices mayas: “…cosas que tenían superstición y falsedad del demonio…”. De la hoguera se salvaron cuatro códices originales, uno en París, otro en Madrid, el restante en Dresde y un cuarto en el Museo Nacional de Arqueología e Historia de México, aunque se duda de su originalidad. Por ello se sabe que los mayas eran como los griegos en ciencia, como los egipcios en sus pirámides, como los romanos en sus carreteras, como los árabes en medicina y como los fenicios en comercio y navegación.
Pasaron los 40 minutos, que se convirtieron en más de una hora; acompañados por un joven chileno, economista, cursando una maestría en USA, y uno de sus profesores, quienes más allá de su formación académica, expresaban un inaudito interés por la cultura maya. Dialogando, congratulados con lo vivido y observado, de nuestra curiosidad y de las sensaciones al contemplar estas reliquias vivientes de los mayas, llegamos al bus y ascendimos ante la expresiva mirada del guía, demostrativa de su pensamiento negativo y que nos evitaba una larga explicación.
Almorzamos en un muy buen restaurante, al estilo buffet, aunque las bebidas un poco caras. Terminado el almuerzo nos dirigimos a visitar un Cenote, palabra maya, que significa "abismo"; son pozos de agua dulce creados por la erosión de la piedra caliza, formaciones geológicas transitorias jóvenes cársticas, pero para el mundo maya proporcionaban el líquido vital, además de ser una entrada a las maravillas del otro mundo y el centro de comunión con los dioses.
A Nora y nuestros ocasionales amigos, les comentaba la alegría de ver un paisaje de neto corte geográfico, después de tanta arqueología e historia. “Creo que te vas llevar una sorpresa…”, afirma Juan, con el asentimiento cómplice del profesor norteamericano, con varios días más que nosotros en Yucatán.
En minutos llegamos al Cenote Ikil, emprendimiento privado. Nos sorprende su acceso, rodeado de jardines enmarcados por la verdosa selva yucateca. Muy agradable a la vista. Los economistas amigos, contentos ante lo que para ellos era “…una genial inversión económica en un ambiente natural, y casi seguro muy rentable…”. Hicieron unos rápidos cálculos, en función de lo cobrado en la entrada ($mex 70,00 u$s 6,00), no contemplada en el tour, y la cantidad de turistas que lo visitaban, aplicaron un modelo matemático; conclusión: ¡vaya si era rentable!
Mi ingenuidad turística me había llevado a pensar en encontrar un relieve cárstico totalmente natural y preservado, como los que había visto en Malargüe, Mendoza, conocidos como Pozo de las Ánimas. En realidad nos hallamos en un cenote de casi 40 metros de profundidad, convertido en un atrayente balneario de aguas cristalinas, con miradores a diferentes niveles, cascadas artificiales bombeadas del mismo cenote, lianas y plantas y flores exóticas que se internaban hasta el espejo de agua muy azul y que filtraban la intensísima luz solar obedeciendo a un inmejorable diseño previo; construcciones de cemento con el color de la piedra caliza, para frenar la evolución geológica y deleite de los turistas bañistas. Después de una hora y media, la mitad de la visita a Chichén Itzá, más que nada para satisfacer los intereses económicos de la agencia de turismo, nos vamos.
Éramos los únicos pasajeros del tour, que nos dirigíamos a Cancún y no regresábamos a Mérida, por lo que deciden transferirnos a otra empresa de viaje y nos dejan en el Hotel Hacienda Chichén Itzá. Nos despedimos de Juan, el economista y humanista chileno “…a partir de ahora van a ver otro México… y mándame tus impresiones del viaje” y del ameno y culto profesor norteamericano “Chauu.. grandoute argentiniou…”.
Eran aproximadamente las 17,00 hs y partimos hacia Cancún, distante a 200 kms. Durante el viaje conversamos con un matrimonio mejicano, residentes en Los Angeles, que lo hacían frecuentemente a Cancún, eran poseedores de un tiempo compartido.
Pensando lo que me agradaba encontrarme en Cancún y disfrutar de su mieles al estilo de un pequeño burgués occidental, su mar de transparente azul índigo, sus cálidas playas de blanca arena, románticas noches caribeñas, plácidas miradas sobre sus inigualables playas, el snorkeling, el ritmo característico de estos lugares; en fin un estilo de vida que acomoda y normaliza cualquier estado de ánimo y alivia tensiones cotidianas. “…Deja de soñar, ya llegamos…” de Nora me vuelve al plano humano. Son las 21, hs y estamos en nuestro hotel.
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El primer día en Mérida, contratamos en la empresa Turitransmérida la excursión Chichén Itzá drop off Cancún ($ 600,00 u$s 48,00 c/u) que incluía visita guiada a Chichén Itzá, almuerzo, entradas y luego traslado a Cancún. A las 8,45 hs., Manuel, guía del tour pasa por el hotel, luego de buscar otros turistas, el bus con aproximadamente 20 personas, parte hacia Chichén Itzá. En el camino, Manuel a veces en español, otras en inglés convertía en sonido, lo que observábamos por la ventanilla del bus.
Cuando se llega a la zona arqueológica, al igual que en Uxmal, se encuentra con un modernísimo parador turístico, baños, restaurantes, tiendas, lugar para guardar equipajes, un pequeño museo y puestos comerciales de artesanías y regalos de todo tipo y precios, caros en comparación con otros lugares de México. Dentro de la zona arqueológica hay una sucesión interminable de vendedores ambulantes, a los que se recomienda no comprarles, para que se vayan del lugar, pero sus precios son considerablemente menores que los de los locales comerciales, no acosan con sus ofertas.
Chichén Itzá es uno de los destinos de México más famosos y simbólicos de todo el país, sin lugar a dudas es un importante sitio arqueológico de la península de Yucatán, a 120 Km. de la ciudad de Mérida. Fue la antigua capital de la cultura maya, este es un importante vestigio renombrado de la civilización maya, las edificaciones corresponden a la época de la declinación de la propia cultura maya, llamada periodo posclásico por los arqueólogos.
La zona arqueológica de Chichén Itzá fue inscrita en la lista del Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988. El 7 de julio de 2007, fue reconocida como una de las "Nuevas Maravillas del Mundo", con este nombramiento Chichén y Yucatán están en los ojos del mundo.
Aunque hemos estudiado el mundo maya y hemos vistos varios videos y montones de fotografías, Chichén Itzá es como para quitarle a uno la respiración. Al contemplarla, Nora cayó como en trance. Ahí estaba el famoso Castillo o Pirámide Kukulcán, rescatado para la ciencia y sobre todo para los miles de turistas que llegan allí, más al norte el Templo y pirámide de los Guerreros, con su famoso chac mool, hacia el sur el inmenso estadio de pelota, donde los perdedores pagaban bien cara la derrota: con su vida; más allá un horizonte de selva baja y espinosa de acacias, tules, mimosas. Pero en medio de esta selva… “¡la ciudad sagrada de Chichén Itzá!, dijo Nora, finamente saliendo de su meditación.
El sitio está dividido en tres áreas: el grupo norte (estilo Tolteca); el grupo central (del período temprano) y el conocido como “viejo Chichén”. Sus edificios varían en el grado de conservación. Los mejor conservados son El Castillo y el Juego de Pelota, éste es el único al que se puede acceder.
El juego de luz y sombra en el templo, la cual crea una ilusión óptica: La de una serpiente que se mueve. Son muchos los turistas que se llegan a Chichén Itzá para vivir la experiencia de la magia maya.
Despúes de una hora y media, de los que 30 minutos se dedicaron a la fotografía y el resto a comentarios del guía, que no difieren en nada de lo que escuchamos de otros en el mundo maya, en el sector Norte o "nuevo Chichén" (estilo Maya con infuencia Tolteca), con sus edifidios Pirámide de Kukulcán, Templo de los Guerreros, Templo de Venus, Templo de los Jaguares y Muro de las Calaveras y el Juego de Pelota, quedamos en libertad por solamente 40 minutos recorrer el Cenote Sagrado y el "viejo Chichén" (con estilo Puuc).
Por suerte, como en las anteriores visitas, teníamos un buena Guía del Mundo Maya, lo que nos permitió movernos rápidamente y localizar los principales edificios del "viejo Chichén" y apreciarlos desde su exterior, su ingreso está restringido por su preservación; el magnífico "Caracol", esta maravilla arquitectónica es la que más atrajo mi atención, al igual que otras construcciones similares en otras ciudades mayas, como la Torre en el Palacio de Palenque, situados en el corazón de las ciudades. Estos edificios son la Universidad Autónoma de los Mayas. De los mayas se sabe que se sabe muy poco, por eso sus ruinas están abiertas a miles de teorías, muchas de ellas disparatadas. Pero, sabemos algo: sabían de matemáticas, de astronomía, de arte, de arquitectura, de medicina y de otras muchas cosas. No hay duda: era un pueblo realmente sabio.
Lo sorprendente no es tanto el conocimiento astronómico, sino cómo lo hicieron. Sin contar con instrumentos de precisión, tales como el gnomon o la clepsidra de los antiguos sabios egipcios, llegaron a mediciones espectaculares, gracias simplemente a la pura y constante observación.
Así, determinaron por ejemplo, la órbita de Venus (de 584 días) con un error de sólo 14 segundos; o profetizaron 69 eclipses en 39 años; o calcularon el tiempo de un año más exactamente que nuestro actual calendario gregoriano, equivocándose en un día cada diez mil años. Y… cuánto más. Todo ello con la idea de utilizar estos datos en la agricultura, la predicción, la religión o en la vida cotidiana.
Muchas de sus prácticas, han quedado ocultas por la increíble acción del obispo incendiario de Yucatán Fray Diego de Landa, (alrededor de 1560) que se le ocurrió quemar todos los códices mayas: “…cosas que tenían superstición y falsedad del demonio…”. De la hoguera se salvaron cuatro códices originales, uno en París, otro en Madrid, el restante en Dresde y un cuarto en el Museo Nacional de Arqueología e Historia de México, aunque se duda de su originalidad. Por ello se sabe que los mayas eran como los griegos en ciencia, como los egipcios en sus pirámides, como los romanos en sus carreteras, como los árabes en medicina y como los fenicios en comercio y navegación.
Pasaron los 40 minutos, que se convirtieron en más de una hora; acompañados por un joven chileno, economista, cursando una maestría en USA, y uno de sus profesores, quienes más allá de su formación académica, expresaban un inaudito interés por la cultura maya. Dialogando, congratulados con lo vivido y observado, de nuestra curiosidad y de las sensaciones al contemplar estas reliquias vivientes de los mayas, llegamos al bus y ascendimos ante la expresiva mirada del guía, demostrativa de su pensamiento negativo y que nos evitaba una larga explicación.
Almorzamos en un muy buen restaurante, al estilo buffet, aunque las bebidas un poco caras. Terminado el almuerzo nos dirigimos a visitar un Cenote, palabra maya, que significa "abismo"; son pozos de agua dulce creados por la erosión de la piedra caliza, formaciones geológicas transitorias jóvenes cársticas, pero para el mundo maya proporcionaban el líquido vital, además de ser una entrada a las maravillas del otro mundo y el centro de comunión con los dioses.
A Nora y nuestros ocasionales amigos, les comentaba la alegría de ver un paisaje de neto corte geográfico, después de tanta arqueología e historia. “Creo que te vas llevar una sorpresa…”, afirma Juan, con el asentimiento cómplice del profesor norteamericano, con varios días más que nosotros en Yucatán.
En minutos llegamos al Cenote Ikil, emprendimiento privado. Nos sorprende su acceso, rodeado de jardines enmarcados por la verdosa selva yucateca. Muy agradable a la vista. Los economistas amigos, contentos ante lo que para ellos era “…una genial inversión económica en un ambiente natural, y casi seguro muy rentable…”. Hicieron unos rápidos cálculos, en función de lo cobrado en la entrada ($mex 70,00 u$s 6,00), no contemplada en el tour, y la cantidad de turistas que lo visitaban, aplicaron un modelo matemático; conclusión: ¡vaya si era rentable!
Mi ingenuidad turística me había llevado a pensar en encontrar un relieve cárstico totalmente natural y preservado, como los que había visto en Malargüe, Mendoza, conocidos como Pozo de las Ánimas. En realidad nos hallamos en un cenote de casi 40 metros de profundidad, convertido en un atrayente balneario de aguas cristalinas, con miradores a diferentes niveles, cascadas artificiales bombeadas del mismo cenote, lianas y plantas y flores exóticas que se internaban hasta el espejo de agua muy azul y que filtraban la intensísima luz solar obedeciendo a un inmejorable diseño previo; construcciones de cemento con el color de la piedra caliza, para frenar la evolución geológica y deleite de los turistas bañistas. Después de una hora y media, la mitad de la visita a Chichén Itzá, más que nada para satisfacer los intereses económicos de la agencia de turismo, nos vamos.
Éramos los únicos pasajeros del tour, que nos dirigíamos a Cancún y no regresábamos a Mérida, por lo que deciden transferirnos a otra empresa de viaje y nos dejan en el Hotel Hacienda Chichén Itzá. Nos despedimos de Juan, el economista y humanista chileno “…a partir de ahora van a ver otro México… y mándame tus impresiones del viaje” y del ameno y culto profesor norteamericano “Chauu.. grandoute argentiniou…”.
Eran aproximadamente las 17,00 hs y partimos hacia Cancún, distante a 200 kms. Durante el viaje conversamos con un matrimonio mejicano, residentes en Los Angeles, que lo hacían frecuentemente a Cancún, eran poseedores de un tiempo compartido.
Pensando lo que me agradaba encontrarme en Cancún y disfrutar de su mieles al estilo de un pequeño burgués occidental, su mar de transparente azul índigo, sus cálidas playas de blanca arena, románticas noches caribeñas, plácidas miradas sobre sus inigualables playas, el snorkeling, el ritmo característico de estos lugares; en fin un estilo de vida que acomoda y normaliza cualquier estado de ánimo y alivia tensiones cotidianas. “…Deja de soñar, ya llegamos…” de Nora me vuelve al plano humano. Son las 21, hs y estamos en nuestro hotel.
25 de Septiembre, 2012
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