Crónicas de Viaje
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Visité varias veces el Perú. Conocí la ciudad blanca, el norte, el sur, Nazca, Iquitos y otros lugares fronterizos con Chile. Pero mi primera vez en Machu Picchu, me dejo con las ganas de regresar. Hacia el este, el cielo comenzaba a aclarar sobre los irregulares picos de las montañas. Las ruinas de la antigua ciudad de Machu Picchu, ubicada a más de 2400 metros sobre el nivel del mar, en los altiplanos orientales de Los Andes peruanos, nos envolvía en una niebla. Nos detuvimos allí, en esa fresca mañana, a esperar la salida del sol. En éste monumento a una civilización pasada, nos sentimos más peregrinos que turistas. Ubicada en lo alto de las montañas, en una arrugada depresión entre dos picos en forma de cono, Machu Picchu fue una de las grandes ciudades del Imperio Inca. En un momento determinado de su historia, el imperio estaba en la cúspide de su poder, que se extendió desde Ecuador hasta el norte de Chile y Argentina, cubriendo todo el Peru. Machu Picchu era una ciudad independiente. El agua se traía desde la cima de las montañas aledañas a través de una serie de canales de irrigación y acueductos de piedra habilidosamente construidos. Las terrazas para la agricultura eran excavadas en la montaña, a lo largo de empinadas cuestas, en anchos escalones de aproximadamente dos metros. Desde los distantes valles que se encontraban más abajo, acarreaban tierra fértil. Las llamas y las alpacas eran los animales de carga de los incas y además proveían carne para sus comidas y lana para las mantas y la ropa en general. Un tren sale diariamente desde Cusco, la antigua capital de los Incas, y trae a los visitantes a la ciudad perdida.-La distancia es de sólo 112 Km. pero el recorrido lleva casi cuatro horas porque el tren va sobre una vía estrecha y el terreno es sumamente escarpado. Desde Puente Ruinas, final del trayecto ferroviario, y a lo largo de 8 Km. un camino angosto de arena gruesa va subiendo la montaña, en un trayecto de curvas muy cerradas, recorrido que se hace en unos micros afectados a tal efecto. Este es el recorrido convencional, aunque los más jóvenes optan por el turismo de aventura o trekking, a través del Inca Trail o criollamente llamado Camino del Inca; recorrido que se efectúa a pié, con una duración de 4 días, pasando por el Valle Sagrado de los Incas, acampando en la selva, remontando ríos correntosos o escalando pequeños tramos de Los Andes. Una verdadera forma de contactarse con la naturaleza y acrecentar el uso de idiomas, ya que estos grupos están casi siempre integrados por gente de todas las latitudes y donde se destacan los suecos, holandeses y dinamarqueses entre otros. Los grupos no son numerosos, no más de 10 ó 12 lo que determina que a través de la convivencia y las experiencias fuertes que se comparten diariamente, se terminen consolidando amistades con personas de todas partes del mundo. En Machu Picchu, uno siente como si estuviera sosteniendo un momento de la historia en la palma de la mano. Todas las construcciones con sus calles angostas y sus escaleras de granito que parecen interminables empiezan a resultarnos familiares. Todas ellas fueron construidas de modo tan perfecto, en escalones planos y a intervalos cortos para que quienes las transitaran no se fatigaran mucho. Justo detrás de una elevada cuesta se ven templos ceremoniales y los misteriosos nichos en las paredes. El lugar está invadido por una extraña sensación del paso del tiempo y su testigo más protagónico está en la cima de la ladera, allí el famoso INTIWATANA ó reloj de sol, domina todo el panorama, muchas veces bajo densas nubes; y como mudo testigo del transcurrir de un pueblo sometido por los "adelantos de la civilización". Como deje al comienzo, me quedé con las ganas. Y unos años después, regresé al Cusco, allá por el mes de Julio, en 1986. Estabamos nuevamente en la Ciudad Imperial, a un costado de la Plaza de Armas que se encontraba colmada de gente, en especial por gran cantidad de extranjeros anglosajones. La Catedral perfectamente iluminada, resplandece allá arriba por el brillo de "La Adela", tal vez la campana más grande del mundo. Teniamos hambre y nos acercamos a la recova del Portal de Panes al bolichito de Oswaldo Sassone el mejor instructor de deportes de aventura y riesgo. Tomamos unas cervezas y una picadas de queso serrano, choclos y fiambre. Nuestra intención era programar una excursión a pié por el Valle Sagrado, así que desparramamos sobre la mesa todos los mapas, folletos y recortes que teníamos. Una turista rubia y brillante como el oro, de origen dinamarqués se acercó a nuestra barra y nos dijo que se llamaba Arlene. Charlamos un momento y le presenté a nuestro grupo. Acordamos encontrarnos en la Key Cross ( una taberna de moda en un piso superior de la Plaza de Armas). Arlene entrecerró sus ojos a modo de despedida y se alejo dejando una estela perfumada a agua de colonia inglesa. A la noche salimos en patota y al amanecer estábamos cada uno en su hotel. Dormimos hasta el otro amanecer, y fue el teléfono de recepción que nos aviso la hora. Nos quedaba el sabor amargo de la resaca provocada por el pisco sour. Nos encontramos todos en "La trastienda" y nos mandamos al buche unas enormes tazas de café bien negro. En dos Jeep Willis llegamos a la estación del tren y nos acomodamos como pudimos en un pequeño vagón. Eramos seis para el viaje. Cerca de las 9, en la parada del Km 88 nos bajamos, ya que ese era el lugar para todo aquel que quisiera ir a pié por el Camino del Inca. Mucha gente nos siguio y comenzamos el difícil ascenso por éste camino lleno de obstáculos. A la media hora divisamos Llactapata. Desde allí el sendero era más empinado y la altura nos hacía pelota a todos. Había que apurarse un poco, ya que algunos no tenían buena cara, y si se necesitaba asistencia médica nos convenía llegar cuanto antes a Huayllabamba, el próximo y único pueblo en nuestro derrotero. Pero la sorpresa fue grande ya que Huayllabamba sólo era un conjunto de casas deshabitadas, un lugar inhóspito.Allí descansamos, y aprovechamos para revisar el equipo y las mochilas con todo lo necesario; que a cambio de unos dólares nos había armado el conserje del hotel siguiendo los consejos de Oswaldo.
Teníamos velas, fósforos, encendedores,cuchillos, estacas, plásticos para las lluvias, ollas, alimentos, sopas en sobres, abrigos y cuatro litros de agua por persona. Nuestro grupo estaba dentro de los que iban en punta. Habíamos quedado sólo un par de docenas, ya que cuatro de ellos regresaron a la parada del Km 88. Había que mentalizarse para superar El Paso (4200 mts.) y seguir el camino sin prisa y evitar cruzarlo por la noche. Al caer la tarde decidimos hacer una pausa para pasar la noche en una playita de arena a orillas del río Llulluchayoc, pequeño ramal del Urubamba, en un hermoso vallecito. En la cima, las montañas se cubrieron de niebla, y después desaparecieron por completo. La temperatura comenzó a bajar bruscamente y preparamos unas sopas de los sobres, eso nos ayudó, pero aún el frío era muy intenso. La carpa que cargaba Jualiano era muy cómoda, así que allí nos acomodamos todos juntos. Emprendimos la caminata muy temprano y cerca del mediodía divisamos El Paso. Estábamos casi sin aliento, pero pasamos la cumbre entre una densa neblina que nos impedía ver más allá de diez metros. Hacía un frío brutal, lloviznaba y el piso era resbaladizo y empinado. El cruzar la cumbre fue toda una odisea. Indudablemente la Ciudadela Imperial estaba construida en un lugar de muy difícil acceso, sin embargo después de cruzar la cima, la recompensa es grande. Comienza el descenso entre bosques y riachos y vertientes de agua pura y helada. Alrededor de las cinco llegamos a las ruinas de Runku Raqay y armamos las carpas. Le dimos un lugar privilegiado a la cocinita y preparamos unos sobres de sopa de pollo, con galletas, también abrimos unas Inka Cola que enfriamos bajo una vertiente y de postre unas tazas de café y pedazos de chocolate. Antes de dormir, nos invitaron con mate de coca ( un te muy habitual y común en el Perú) que nos oxigenaba la sangre y nos hacía soportar mejor el frío de la noche. Pasadas las cuatro de la mañana, salí para la "cocinita", hice hervir agua y con Oswaldo despertamos a todos. No nos podíamos perder el amanecer que fue mágico. El cielo se puso morado, luego varió en todas las tonalidades del azul. Minutos después estalló un resplandor violeta, luego lila, rojo intenso, naranja y finalmente amarillo rebotando sobre el verde de la selva. El sol era majestuoso y su presencia era como la de Dios entre nosotros. Un poco más de una hora de camino, y descendiendo, atravesamos un largo túnel que corta a dos montañas. Los abismos, los bosques húmedos, los troncos con musgos rojos, verdes y blancos, tornaban todo en una imagen inverosímil, paradisíaca. Continuamos el descenso toda la jornada, y lo visto era tan bello que nos hacía olvidar el cansancio. Cerca de las 6 de la tarde llegamos casi agotados a Wiñayhuana, casi al filo de una montaña, y ubicada a escasas dos horas a pié de Machu Picchu. Volvimos a desempacar y decidimos pernoctar. A lo lejos se escuchaba el silbato del tren en su regreso a Cusco. Hicimos una fogata y todos nos sentamos agarrados de la mano. Luego rendidos nos fuimos a dormir. Levantamos el campamento con la primera luz del amanecer e iniciamos la corta jornada de camino boscoso y empedrado. Camino construido con adoquines de piedra y que nos llevó inesperadamente al pié de una escalinata de más de cien peldaños. La subimos penosamente, hasta que entramos en Machu Picchu por la puerta grande y pudimos ver la imponente ciudadela en toda su extraordinaria e imponente majestuosidad. Las chicas decían "Its unbelievable". Pasamos el día completo explorando cada muro y terraza y al caer el sol, hicimos el esfuerzo supremo de ascender al Huayna Picchu y armamos el campamento para pernoctar. Visitar nuevamente el Cusco fue una de las más grandes aventuras, con nuestras cabezas llenas de imágenes que parecían salidas de un cuento, pero de otro mundo. Al regresar a la ciudad , festejamos en el Diavolo. Todos regresarían a Lima, excepto yo, que viajaría en el Lloyd Aereo Boliviano para El Alto, el aeropuerto de La Paz, la terminal aérea más alta del mundo. Y de allí a Jujuy por Aerolíneas Argentinas. En ese momento tenía veinticuatro años menos, y la vida sigue y estas cosas son las que le dan sentido a la mía.
3 de Diciembre, 2012
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DANIELJESUS
2010-12-08 16:52:46
- Muy destacada es la nota
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Abuso
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