Crónicas de Viaje
(2) (0)
Turismo caminado: la senda esponjosa
Luego de una semana en Ushuaia, ya no quedaba mucho por ver dentro de nuestros presupuestos.
Ubicadas en una apart céntrico, nos movíamos a pie. Familiares y conocidos, nos llevaron al glaciar Martial, al Parque Nacional, a la famosa foto bahía Lapataia. Llegamos a la estación del tren, pero no daba para tomarlo.
Excursiones en 4x4 hasta Lago Fagnano, navegación por el canal Beagle para ver varias aves, pingüinos, leones marinos… El Parque Nacional durante más de tres horas a pie y en canoas, por las rutas de los yámanas para viajar en el tiempo, todas imperdibles.
Más allá, nos llevaron hasta Tolhuin, con parada obligada en Panadería la Unión. Los museos, puntos históricos y edificios típicos ya estaban registrados en las cámaras.
Domingo a la noche, no sabíamos qué más ver. Mientras tomábamos cerveza en el Dublin, el mozo nos dijo que quedaba el más lindo lugar, Laguna Esmeralda. Buen vendedor de su ciudad, me puso en camino para el día siguiente, que era el último en la isla.
Lunes a la mañana, salimos de compras y comimos al fin centolla. Mis amigas se quedaron para la siesta. Pero no me rindo fácilmente y tenía que salir ese día aunque fuese sola.
Juan, remisero de la casa, me llevó 20 km al Valle de los Lobos, desde aseguraba la senda era buena y me darían mapa. Hasta vi fotos de las plantas carnívoras que él sacó.
Me registré y el que atendía marcó en un mapa lugares donde no cruzar, me mostró las marcas para verlas en el bosque, “Calcule tres horas y media, cuatro, nunca cruce el río, no vaya por la pista de esquí, hay varias personas en la senda, mire la foto…” y vi una laguna, verde esmeralda digamos, en una postal. Claro, hasta acá todos me habían dicho que no olvide mi cámara. Sólo que no oí el consejo: “a veces se pierde la gente ahí…” (todos lo repetían a la vuelta)
El bosque perfectamente marcado, lo crucé bien. La primera turba, bien rodeada. Es el segundo bosque fue más breve y llegué al río. Tomé una foto de la salida del bosque... ya las marcas habían desaparecido… para siempre…
La siguiente turbera era gigante, sin marcas, sin senda, pura turba y esas plantas esponjosas que recuerdan la Antártida. Esa que se infla cuando llueve... Y claro, seguí el río imposible. Invisible, curvo, repleto de zanjones que le llevaban agua, piedras, barro. Así por una hora. Vi la pista de esquí, esquivé…
Miro mi celular, pobrecito, 16.30 decía… Hay señal. Voy a llamar a la base, no hay senda, sólo una bolsita que no sé a quién se le voló, cómo sigo, es temprano, llamo luego. En media hora tendría que ver la laguna. Hay turba con troncos de castorera, ya no se puede caminar, ahora llamo. Ah, el celular se perdió, se cayó, se ahogó en el barro. No está, menos mal no fue la cámara. Me vuelvo ahora, que todavía sé por dónde.
Por la pista de esquí encontré el bosque, busqué la estrada, llegué a las marcas. Hasta que otra vez se borraron. Y ahí, mi ángel de la Guarda mandó a Ianus, un fotógrafo rumano que trabaja en cruceros. “Mis amigos no quisieron venir”. “Tampoco las mías, ¿puedo volver con vos?” A largos pasos me sacó del bosque y en su taxi volvimos a la ciudad. Antes, avisé de la senda invisible de esponjas y del teléfono perdido.
En fin, tengo que volver a Ushuaia para fotografiar la Laguna Esmeralda.
15 de Febrero, 2012
Para dejar un comentario es necesario estar registrado a lugaresdeviaje.com
Registrate sin cargo o ingresá tu usuario y clave.
