Crónicas de Viaje
(4) (0)Cada parte tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas, pero en todos lados aprendí mucho y siempre me inspiró pensar que un día les contaré a mis hijos que viví en México un año y un mes, hasta ahora.
Habiendo conocido un poquito de lo que tengo alrededor, puedo decir con toda seguridad que me encontré con un fenómeno que, por ser mercedina, lo llevo en la sangre: el antagonismo entre la gente de las provincias y la gente de la capital. Ya sé que eso no lo creó precisamente la distancia de 100 km, pero si son de algún lugar de la provincia de Buenos Aires, saben a qué me refiero... a los porteños les podés explicar un millón de cosas, pero si sonás de campo, sos de campo y punto!
Y acá pasa lo mismo. Puebla es una de las ciudades más lindas que conocí y tuve la suerte de considerarla mi casa por unos cuantos meses. Tiene ese aire de gente de pueblo, aunque tenga 3 millones de habitantes... la gente es más tranquila, la ciudad es segura, hay pequeños rituales pueblerinos, como el shopping en sábado y el zócalo en domingo; si agarrás el auto y andás en cualquier dirección por 15 minutos, saliste de la ciudad y estás en el medio de la nada, y la nada era el desierto mismo, con cáctus y víboras.
La sociedad de Puebla es muy diversa pero gente top como allá, no vi en ningún lado... No nos olvidemos de la revista "Caras de Puebla" que informa sobre los acontecimientos menos importantes que le sucedieron a la gente más importante en los últimos 15 días. Dimos en llamarla "Jetas de Puebla", para reírnos un rato... pero terminamos saliendo en dos o tres fotos!
En fin, para los que han vivido en "pueblo chico, infierno grande" se van a sentir en casa. Con la diferencia de que, como hay mucho dinero y mucha más gente, tenés todos los servicios que una ciudad grande te puede ofrecer: shoppings, cines, tiendas de ropa top, miles de restaurantes internacionales y mucho más.
Claro que desde una habitación en el Holiday Inn no es lo mismo... una no se siente totalmente integrada en la sociedad. Si te preguntan "Dónde vivís?" y vos contestás "En el Holiday Inn", se van a dar cuenta que no te vas a quedar mucho tiempo. Así y todo estuvimos 7 meses, y en ese tiempo aprendimos a manejarnos en la ciudad, con la gente, con los rituales y con la vida misma (como dice Moria).
Y finalmente llegamos a nuestro destino original, que era Ciudad de México... con una breve escala de 7 meses.
Ésta es una ciudad de muchas facetas... es Ciudad de México, para los que creen en la historia; México City, para los que compran en Armani; México DF, para los que vienen de afuera; Tenochtitlán, para los que siguen las tradiciones indígenas; y simplemente "México" para quienes tenemos que contarle a un amigo dónde estamos viviendo.
Ciudad de México es como agarrar América Latina entera, meterla en un frasco y sacudir... tiene, de lo bueno, todo; y de lo malo, también. Para empezar no es una ciudad ya, es Buenos Aires y el Gran Buenos Aires y Rosario y Córdoba, todas juntas. Si agarrás el auto y manejás durante 30 minutos hacia cualquier lado, estás a 15 cuadras de donde saliste. Para que se den una idea, para salir de México en un fin de semana se tarda una hora y media... en ese tiempo llegué a Mercedes. Lo que les quiero decir es que el tránsito es un caos, hecho y derecho. Y por consiguiente la gente maneja que da calambres en los ojos de verlos nomás...
Por otro lado, la sociedad top de acá es internacionalmente top... compra en Armani o en Prada y lleva valijas Louis Vuitton al aeropuerto. Acá está todo! La calle Mazarik, es como la Av. Alvear de Buenos Aires y en ella se encuentran todas las tiendas de primer nivel: Channel, Cartier, Louis Vuitton, Hugo Boss, Pronovias, Tiffany's, etc.
Ni hablar de los restaurantes de todos lados del mundo, en donde el sommelier viene con una tacita de plata en una cadena colgada al cuello y te cuenta que forma parte de la antigua tradición de los sommelier del mundo, te habla de la cava con su colección de 1500 vinos, y te entrega la carta donde hay de hecho, vinos de 11.000 euros. Impresionante!
Por otro lado, está el Zócalo con sus mil actividades por estación: la pista de hielo, la feria del libro, el espectáculo de no sé quién, los puestos de tortas y tacos, y los chamanes que te quitan los malos espíritus con humo y algún que otro escupitajo. El Zócalo tiene vida propia y no descansa nunca. Lleno de turistas y rodeado de los edificios más hermosos de México, la Intendencia y la Catedral, tiene lugar para todos, los pobres y los ricos; los intelectuales y los que van a mirar break dance; los que tienen aspiraciones artísticas y los que se sientan a comer un churro; los católicos y los que entran a la Catedral a ver lo torcida que está... Todos confluyen en el Zócalo, como un interminable desfile de todo lo que tiene México para ofrecerte.
En mi opinión, el recorrido más lindo que podés hacer es desde el Zócalo hasta mi casa... uniendo el centro de la ciudad (donde está lo histórico, lo indígena y lo cultural) con el barrio de Polanco (donde está el México internacional, el bosque de Chapultepec con todos sus museos y el zoológico). En el camino vas a pasar por el Palacio de Bellas Artes y miles de parques, la gran avenida Reforma, el Ángel de la Independencia y el Liverpool (una de las tiendas más conocidas, junto con el Palacio de Hierro y Sears).
La gente de México DF tiene ese no se qué, entre apuro y disgusto, que caracteriza a los habitantes de las capitales del mundo. Es muy ruidosa y le encanta decorar para cualquier ocasión (Día de Muertos, Navidad o festividad de la Virgen de Guadalupe). Sale y hace fiestas los jueves y los viernes, los sábados no hay nadie en ningún lado, y el domingo se come a las 4 de la tarde, sin falta. El chilango (mexicano del DF) es gritón, orgulloso y peleador; pero también es amable, autóctono e insólito. Te puede pasar acá que quieras asesinar al que vende castañas porque toca un silbato que te deja sorda y también que compres una torta a 0,8 centavos de dólar en el baúl de un auto, porque llegaron tarde a la repartición de la panadería. Es una ciudad insólita, y nunca deja de sorprenderte. Para bien y para mal.
En fin, que no hay nada que te haga querer más a tu país que estar lejos... de cerca solo ves las cosas malas, pero desde lejos ves las cosas buenas.
(Extracto del libro "Crónicas Mexicanas y alguna otra más...")
Cintia Ana Morrow
8 de Marzo, 2012
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gloriaturis
2011-03-11 12:14:31
- Me encantó la manera en la que pudiste mostrar la polaridad que se vive, no solo en México, sino también en todos los pueblos latinoamericanos. Es muy interesante la descripción que haces sobre la sociedad mexicana, se nota que realmente te empapaste de la cultura y disfrutaste de la mejor manera tu viaje.
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Abuso
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