Crónicas de Viaje
(2) (0)Salimos temprano hacia la ciudad de Morelia, capital del estado de Michoacán, y que queda a 350 km de Ciudad de México, aproximadamente.
Llegamos a Morelia, una ciudad hermosa, muy antigua y con mucha historia para contar, sobre todo de la independencia de México.
Dimos una vuelta por la ciudad, que antiguamente se llamó Valladolid. Visitamos la Catedral, que es de cantera rosa y del año 1660, la Plaza de Armas, varios Palacios, Templos y Colegios... todos con murales de la historia de la ciudad y de México, muy lindos y bien conservados.
¿Qué es lo que caracteriza el Día de Muertos? Es una mezcla entre el sentimiento de tristeza por haber perdido a los seres queridos, y una especie de festejo porque se fueron hacia un lugar mejor. Toda la ciudad está decorada con flores, frutas, cruces, velas, calaveras y unos esqueletos muy graciosos vestidos con atuendos elegantes, llamados "caterinas". Y en cada casa, hotel, restaurant, etc. se coloca una especie de altar con decoraciones, ofrendas y hasta fotos de los muertos que se quieren recordar.
Las familias se reúnen en los cementerios y decoran las tumbas de sus muertos con flores amarillas de cempoalxóchitl (que para mí son naranjas), frutas como bananas, naranjas y limones pintados de colores, panes en forma de animales o de rosca y figuras de azúcar. Las tumbas son cubiertas con servilletas bordadas y sobre ellas ponen cazuelas, jarros y canastas con las comidas preferidas del difunto; y velas que guían el camino de los muertos.
¡Imagínense la sorpresa al encontrarnos en la plaza principal con lápidas, tumbas y cruces en todos lados! Estábamos paseando por la plaza y en cada pedacito de pasto había una tumba con su respectivo adorno, y ofrendas como panes, tortillas y hasta una botella de tequila. Había también fotos de los difuntos y esqueletos conmemorativos.
En fin, la razón por la que fuimos a parar a Morelia es porque cerca de allí, como a 50 km, se encuentra un gran lago llamado Pátzcuaro con varias islas. En una de ellas, Janitzio, se puede ver la noche del Día de Muertos, en toda su majestuosidad, y los que acuden al cementerio de allí son en su mayoría indígenas, lo que lo hace más autóctono. Pero como es complicado ir, contratamos un tour.
El tour nos llevó primero al pueblo de Tzintzuntzán (cada nombre es un trabalenguas acá). Nos bajamos del colectivo en una ruta llena de gente, autos, puestitos de tacos y bares al paso. Nos dijeron "Para arriba, la pirámide; para abajo, la plaza". Allá fuimos, a la pirámide pero estaba todo oscuro, ni salió en las fotos. Y bajamos a la plaza por una "avenida" peatonal, llenísima de gente, con una banda tocando, artesanías, comida, globos y esqueletos. Todo muy típico.
Seguimos viaje hacia el muelle de San Pedrito, donde nos tomamos un bote que nos llevó a la Isla de Janitzio. La isla resultó preciosa, con sus construcciones subiendo desde el muelle hasta lo más alto, donde hay un monumento, con callecitas estrechas llenas de puestos de comidas y artesanías. Mucha gente por todos lados. Y, si bien subimos hasta lo alto del todo, lo más lindo es simplemente pasear por la isla, me imagino que de día debe ser muy impresionante por las vistas que hay de la ciudad y el lago de Pátzcuaro.
Recorrimos un poco y luego fuimos al panteón (cementerio) que estaba como el metro a las 5 de la tarde. Muchas familias indígenas estaban decorado las tumbas y acompañando a sus muertos; la tradición es que se quedan toda la noche con ellos, los niños duermen y las mujeres y hombres decoran y mantienen limpio el sepulcro.
La verdad es que es una sensación insólita. Por un lado hay un silencio pasmoso, porque todo el mundo entiende lo delicada de la situación... pero eso no evita que le tomen una foto a 15 cm de la cara a la pobre indígena que vela a su difunto, ¡con flash!
Lo peor de todo, es que hay tanta gente que no sabes por donde pisas, ¡ni te ves los pies! Todo el mundo anda a los tropezones y pisando donde puede; conclusión: estoy segura que pisoteé a unas cuantas tumbas.
Terminado el paseo por el cementerio, que duró mucho porque había atasco, volvimos al muelle, y al barquito, y luego al colectivo y mucho después, a Morelia. A dormir finalmente como a las 5 am.
(Éste es un extracto del libro "Crónicas Mexicanas y alguna otra más...")
Cintia Ana Morrow
31 de Marzo, 2012
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