Crónicas de Viaje

Niza, la ciudad azul

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por: valetorrens

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Formando parte de la Costa Azul, Niza es simplemente apabullante. Desborda belleza, lujo... glamour. Nuestro barco anclaba todos los martes en esta ciudad luminosa con el azul como color predominante. Azul turquesa el mar, azules sus barquitos, azul mi vestido preferido para pasear por los recovecos de la ciudad vieja y los mercados llenos de sorpresas.

Para la tripulación del New Flamenco, el martes era un día esperado por todos, tener tiempo libre para disfrutar Niza a pleno era, sin lugar a dudas, el premio más esperado de la semana. 

Si el sol nos acompañaba, salíamos del puerto directo a la playa. La arena de Niza no es blanca y mullida como la de Punta Cana o las Islas del Pacifico, está plagada de piedritas. Pero el ambiente y todo lo que nos rodeaba compensaba cualquier posible falta de comodidad. 

El mar no siempre esta tranquilo en Niza. Es tanta la cantidad de salitre que el cabello queda blanco, la piel sabrosa: dorada y salada.


Amo Niza. Era mi lugar perfecto para salir con mis rollers y no detenerme hasta pasar por Negresco, uno de los hoteles más tradicionales y reconocidos. Frente al mar, 5 estrellas de arte, lujo, playa privada y excelente servicio que colmara cualquier capricho del turista más exigente. 

Fabuloso también era poder perderse en la callejuelas estrechas con casas de tejados rojos, sentarse simplemente en uno de los tantos bancos blancos y disfrutar del privilegio de ser parte un día a la semana del paisaje del lugar.

Los cafecitos, los paninis, el pan au chocolate, las croissantes maravillosas. El martes era el día indicado para olvidar la dieta y todos los problemas. Que saudades de Nice!!!


Un paseo imperdible: La Promenade des Anglais, a lo largo del mar Mediterráneo, una de las atracciones principales de Niza. Realizar la subida a Castle Hill para deslumbrarse con la vista de la ciudad y de la bahía de los ángeles (Bay of Angels).


Sin embargo a las 4 de la tarde el cuento de hadas llegaba a su fin y de vuelta al barco con mi cabellera blanca de sal, maldecía una vez más por partir tan temprano y no gozar del atardecer y no poder participar de la noche de la ciudad con los balcones más lindos y floridos.

6 de Diciembre, 2012

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