Crónicas de Viaje
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El centro, en particular, se caracteriza por sus edificaciones coloniales. Existen varios parques naturales cercanos, entre los que se destaca el Parque Tayrona y la fabulosa Sierra Nevada de Santa Marta, la cual forma parte de un Parque Nacional Natural de 383.000 hectáreas, al lado está la Ciudad Perdida , que es una de las ciudades pre-hispánicas más grandes del continente.
Otro lugar que no puede dejar de visitarse es el Parque Tayrona, compuesto por un frondoso bosque y un mar de un azul mágico, enmarcado por playas de arenas blancas y amarillas. Las rocas también se destacan como joyas naturales, en donde se posan aves, monos, lagartijas…. Una puesta en escena que es acompañada por el sonido del mar y del canto de sus pájaros.
Son 15.000 hectáreas, en donde existen también, manglares y arrecifes de coral.
Visitamos las playas de Neguange, Chenge, Palmarito y Bahia Concha, está última es el paraíso para quién guste de practicar buceo.
En el Parque también se puede acampar en los sectores de Arrecife y Cañaveral o alojarse en alguna de las cabañas, llamadas ecohabs (para hasta 6 personas). No dudaré en hacerlo si tengo la suerte de visitar Santa Marta nuevamente. Imagino lo magnifico que debe ser despertar allí mismo, en el medio de ese pequeño universo natural, preservado tan cuidadosa y orgullosamente por los Colombiamos.
Pero esta vez, nosotros nos hospedamos en en el sector de Bello Horizonte, corregimiento de Gaira, jurisdicción del Distrito Turístico, Cultural e Histórico de Santa Marta, a 2 kilómetros del aeropuerto Simón Bolívar, a orillas del mar Caribe. Aquí las playas son de arena blanca, algunos vendedores ambulantes las caminan a diario ofreciendo sus artesanías, collares, caracoles…
Son muchas más las opciones turísticas que se ofrecen al visitante. A diez minutos de donde nos alojamos, se encuentra el Centro y playa El Rodadero. Una vez allí, en una lancha puede visitarse el Acuario y Museo del Mar.
En otra de la excursiones en las que participamos, nos encontramos inmersos en un “pozo” de lodo. Es una terapia que se realiza en el volcán Totumo. Una vez embadurnados en barro, irreconocibles pero felices, fuimos convidados con masajes descontracturantes y relajantes, una delicia!
La marina es una postal de
colores durante el día.
Al atardecer, se tiñe con naranjas, rojos, rosas y amarillos… se puede sentir allí, el espíritu del lugar, la alegría de su gente y la cordialidad con la que convive ese pueblo compuesto en un gran porcentaje por pescadores.
Por la noche, es el sitio perfecto para deleitarse con los más variados mariscos. El clima es muy agradable casi todo el año. Refresca un poco, claro, al estar cerquita del mar, pero es una brisa fresca que no llega a incomodar. Sin embargo, los lugareños nos comentaron que “La Loca”, como llaman a esos vientos repentinos que se intensifican en ocasiones… puede convertirse en un gran problema para quién vive en ciertas frágiles construcciones de chapa o paja, ubicadas sobre la playa y que funcionan habitualmente como bares y restaurantes.
Última noche. Cena en la Marina. Maravilloso restaurante con vista al mar, perfecto para brindar por la linda oportunidad de descubrir en familia este lugar que parece instalado en otra línea temporal, quedado en el tiempo. Un recreo para la cabeza de quienes estamos inmersos en ciudades plagadas de autos, ruido y contaminación.
7 de Diciembre, 2012
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