Crónicas de Viaje

Una de romanos

Ver perfil del usuario

por: valetorrens

Subí tu crónica
(2) (0)
Civitavecchia, cercana a Roma, una ciudad linda para disfrutar antes de la agitada vida del turista por Roma

En Civitavecchia pasé momentos muy divertidos. Civita fue el escenario del book de David, moreno bailarín de Costa Rica, hoy Mr. Fitness Model of the World por tercera vez casi consecutivas. Sin embargo sigue siendo tan humilde y bueno, a pesar del talento y belleza que desborda a cada paso.
Fotos que por poco se vieron frustradas porque la gente de seguridad del barco sospechó que queríamos escapar y quedarnos a vivir en Italia, como algunos filipinos lo habían hecho, todo esto por la cantidad de ropa que llevó mi David, un bolso completo con cambios de calzado y todo. En Civitatambién hubo lugar para locas aventuras con mi amigo de Floripa Marce, con el que tratábamos siempre de resguardarnos del calor y el fuerte sol entre las piedras junto al mar. Desde Civitavecchia, una provincia dentro de Lacio, junto al mar, es muy simple llegar a Roma. Uno puede trasladarse cómodamente en uno de los modernos trenes que salen con regularidad (apróx. de 2 a 3 horas) y descender en la estación Termini. Los jueves eran los días en que la tripulación del New Flamenco, barco en el que trabajaba, anclabamos en Civita No siempre el tiempo libre era suficiente para ir a Roma.
Uno de los días más lindos que pasé en Roma lo pasé con David, Amelia y Santi. Como en una película recorrimos las calles de Roma. Desde que mi viaje de mochilera a los 19 años con mis amigas Vanessa y Andrea, no pisaba esa ciudad. Esta vez mi grupo se conformaba de 4 personas: Amelia, la pianista del barco, una rubia marplatense a la quien todos recurríamos por amorosos consejos, mates de por medio en su cabina; David, que como escrií anteriormente es un talentoso atleta y bailarín de lo más carismático, simpático, lindo por dentro y por fuera, capaz de lograr poner de buen humor al más gruñon, y Santi, también argentino, divertido, bromeando constantemente y una de las personas más buenas que me tocó conocer en el barco. No teníamos demasiado tiempo, ya que había que llegar al barco lo suficientemente temprano para no perderlo. DEcidimos alquilar un sulki o carroza para poder recorrer los puntos más importantes.
Sacamos decenas de fotos, almorzamos frente al Panteón y hasta hubo tiempo para algunas compras. Las carteras y billeteras y anteojos truchos de louis Vuitton, Prada, Diesel, Dolce & Gabbana, Gucci, Armani, Versace, Fendi, entre otras marcas hacían las delicias de los transeuntes. Parece mentira que ya hayan pasado 5 años desde esos días de risas y aventuras. Aún le debo una visita a Amelia en Mar del Plata para escucharla tocar con todo su talento, el piano del Hotel 2 reyes. Antes de fin de año, estaré allí en primera fila aplaudiéndola hasta que me duelan las palmas de las manos! Será un encuentro maravilloso con mi rubia "mamá" del barco, que siempre tenía una palabra sabia para quién tocase a su puerta. Amelia, con sus túnicas preciosas, tocando el piano y haciendo cantar a todos, pasajeros y tripulación, cada noche en el Piano Bar, el más elegante salón del barco. Que menos para ella.
Por supuesto, no perdimos de pasear por la famosa Via Veneto y disfrutar de las casas de moda y el agitado día de Roma, un día de semana en que el movimiento de los trabajadores hacía pasar inadvertidos a estos tres tripulantes que se detenían ante cada detalle, reían a carcajadas y se apuraban en recorrer lo máximo posible. Por supuesto todos tiramos una moneda en la Fontana di Trevi, para de está forma asegurarnos que regresariamos, como cuenta la leyenda. Por la moneda o lo que sea, a mi se me dio: El año pasado volví a Roma. Fue después de ir a conocer a mi sobrino Juan Martín de 2 meses y ver a sus padres, mi primo Javier y su mujer Alice quienes viven en una montaña, un paraíso en Ticino, el cantón Suizo Italiano.
Volví a Roma porque mi vuelo a Buenos Aires partía desde ese aeropuerto. Aproveché la oportunidad para ver a unos grandes amigos que trabajaron hace años conmigo en Brasil y conocer a Matteo de tres añitos, un dulce de leche! Fue un invierno europeo crudo! Vale aclarar que ODIO el invierno. Roma sigue tan linda como cuándo la conocí la primera vez a los 19, aquella vez con un poquito menos de frío.
Llegué a la noche y tomé un tren desde el mismo aeropuerto, el que me llevaría a una estación a 5 cuadras de mi hotel (era tarde, preferí ir a casa de Flavia, Agostino y Matteo al día siguiente) Incluso yo, estaba sorprendida con la facilidad de mi llegada al hotel. Pero no... no fue tan fácil. Me indicaron mal y acabé tomando otro tren. Cargada de regalos de Suiza, pareciendo un oso polar con la superposición de abrigos. Era un ekeko (dios de la abundancia, fecundidad y alegría representado con una figura cargada de gran cantidad de bultos) Mi inglés y mi portugués son muy buenos (aunque nunca pierdo mi sotaque - como dirían mis queridos amigos brasileños). Me defiendo muy bien con el francés pero.... debe haber alguna cosa en mi cerebro que se rechaza a aprender o al menos entender el italiano. Yo veía que no llegábamos a destino y el tiempo continuaba pasando.... se suponía que era un viaje corto! Aterrada le hice señas a un muchacho sentado cerca y en una mezcla de español, portugués y francés le pregunté si estaba lejos de mi parada. Para mi tranquilidad - estoy siendo irónica! - abrió los ojos de par en par y señaló para atrás. Había tomado el tren al revés! Bajé lo más pronto que pude. Por suerte no tarde en encontrar un alma amable que hablaba inglés, quién incluso me ayudo con las valijas y me indico lo que debía hacer. Finalmente llegué a LA estación. Cansada, horas viajando, con la espalda destrozada, me acerqué a un taxi para preguntarle cuanto me cobraba por las 5 cuadras hasta el hotel. El muy descarado me dijo 45 euros... con las valijas 50. Osea que si largaba todo en medio de la calle me ahorraba 5 euros. Un absurdo! Me pareció claramente una estafa y le di la espalda ofendida. Fue exactamente en ese instante que comenzó a nevar. Protegida con mi sobretodo negro relleno de plumas, tomé coraje y arrastré todos mis pertrechos las 5 cuadras que me separaban del hotel. No cené esa noche, simplemente entré en mi cuarto y me desmayé! Al día siguiente me reencontré con Flavia en su Daniel´s Hotel ( www.danielshotel.it), desde afuera puede confundirse con cualquier casa sencilla pero es un hotel boutique delicioso, cálido y acogedor donde predominan los colores amarillos. Flavia estaba encargada hacia varios años. Fue como si no hubiera pasado un segundo desde nuestra despedida en Bahia. Dejé mis cosas y a Flavia trabajando y partí a los puntos turísticos obligados... Fontana de Trevi, Coliseo, Panteón, atravesé el El puente Sant'Angelo, uno de mis preferidos. No tenía tiempo para mucho más y quería pasear con tranquilidad, dejé alguna cosa para el día siguiente... mi avión salía tarde. A la noche fuimos a comprar la Mozzarella di Bufalapreferida de Matteo (y mia también) cenamos, jugamos con Matteo, nos pusimos al día con Flavia hablando hasta quedar afónicas. Agostino llegó de su trabajo y la charla continuó. Por la mañana me dirigí a la Piazza Navona, una de las plazas más conocidas de Roma, llena de obras de arte y fuentes. Caminé sin rumbo esa tarde... siempre me gusta perderme en las calles y descubrir lugares nuevos. Observar a la gente desde el lugar privilegiado del turista relajado.

8 de Diciembre, 2012

¡Enviá tu comentario!

Para dejar un comentario es necesario estar registrado a lugaresdeviaje.com

Registrate sin cargo o ingresá tu usuario y clave.

Comentarios » Hay 1 comentario

  • 1 d_crisol2006 Ver perfil del usuario

    2012-01-05 11:28:39

  • Buena información y su experiencia vivida nos enriquece a los viajeros.Puedo dar fe que es así, que la ciudad de Civitavecchia como la ciudad eterna Roma por estar varias veces en ambas son extraordinaria, agradable y bellas.
    Saludos.
  • Abuso (0) (0)
    Votar
    Responder