La Isla
Es la más grande de nuestro país y una de las más famosas del mundo. Con la población polarizada en dos centros urbanos, la capital detenta el récord de la ciudad más austral del planeta. Sin embargo, sus encantos no terminan ni empiezan en Ushuaia. La mayor atracción insular es la mezcla de orígenes onas y yámanas, exploradores y piratas, presidiarios y misioneros.
Se las puede encontrar a lo largo y ancho de la isla. Alargadas, espectrales cortezas de lenga pintadas a mano. Atesoran el misterio de antaño y reavivan el respeto, la fascinación y el dolor por lo que ya no es. Son las máscaras que usaban los nómades selk´nam para representar diferentes espíritus en el rito de iniciación llamado hain, que marcaba el paso de la juventud a la adultez. Son las raíces de Tierra del Fuego, así como lo son las historias de presidiarios, misioneros y buscadores de oro, restos de naufragios y la imponente cordillera que atraviesa la isla de este a oeste, en vez de hacerlo de norte a sur, como en la Argentina continental.
Despedida
Nuestro periplo insular comenzó en el centro de la isla, una zona de grandes estancias surcadas por ríos y chorrillos que serpentean hacia el Atlántico y reino indiscutido del guanaco. En el kilómetro 40 de la ruta complementaria “b” se encuentra Despedida, una estancia que anteriormente fuera sección de la gran Primera Argentina, propiedad del terrateniente asturiano José Menéndez.
Inmersa en este paisaje de horizontes lejanos, Despedida es un lugar para olvidarse del tiempo. Eduardo y Viviana Larminat, sus actuales dueños, reciben turistas desde enero de 2006 en la casa que solía ser del personal de la estancia. Hoy bautizada Posada del Guanaco, esta casa tiene cuatro dormitorios, un living acogedor con grandes ventanales y un comedor. Hay mucho para ver, pero cuesta separarse de la enorme chimenea. Más todavía si uno está tomando un té con muffins recién horneados por María Laura, quien deleita a los huéspedes con exquisitos y originales platos, como su mousse de palta y queso azul con flores de la huerta.
Las caballerizas, la herrería, la casa de los peones, todas con techos rojos y paredes de chapa blanca, son parte del encantador paisaje. Una de las actividades que ofrece. Despedida, además de cabalgatas por la estancia, es una excursión en 4x4 hacia la cordillera chilena, cruzando la frontera por el paso internacional Bella Vista.
Aurelia y Las Hijas
Continuamos nuestro recorrido visitando dos propuestas relativamente nuevas: Aurelia Lodge y Estancia Las Hijas, que al igual que la propiedad de los Larminat, abren sus tranqueras al turismo únicamente durante los meses del verano. A pocos kilómetros de Despedida, dentro de la estancia Rosita y en un casco reciclado original de 1920, funciona Aurelia Lodge, que recibe principalmente grupos de pesca, pero también se dedica al turismo rural. Las actividades para no pescadores incluyen cabalgatas con diversos recorridos de una a seis horas, excursiones en 4x4 a las castoreras y paseos por el bosque, todo enmarcado en el paisaje inmenso de la estepa fueguina.
Esteban Daniels encabeza el proyecto familiar de Las Hijas, ubicada sobre la ruta complementaria “g”, a 7 km de la RN 3. La propuesta es interesante: consiste en un día completo que comienza con el arreo de ovejas con perros, encierro en los corrales y demostración de esquila. El programa sigue con un almuerzo de cordero con ensaladas y por la tarde se realizan paseos por el campo.
Río Grande y Cabo San Pablo
Nuestro guía durante esta parte del trayecto fue Tabaré Barreto, de la agencia de Río Grande Estancias Fueguinas. Apasionado por las aves, vive en la isla desde 1988 y nos cuenta que el principal atractivo turístico de Río Grande sigue siendo la pesca, aunque hay otras actividades, como el turismo rural, que van ganando posiciones poco a poco. La ciudad va incrementando lentamente su ajustada oferta hotelera y gastronómica. El novel restaurante Nistro fue una gratísima sorpresa. Ubicado sobre la costa, sus enormes ventanales dan al mismísimo Atlántico. Ofrece platos sabrosos y los comensales pueden elegir el vino en la bodega y llevarlo a la mesa directamente.
Hicimos noche en la Posada de los Sauces, un hotel familiar de 21 habitaciones con un pintoresco bar en el primer piso. A la mañana siguiente partimos temprano hacia Cabo San Pablo. Toda la costa desde el Cabo Nombre en la Bahía de San Sebastián hasta la desembocadura del Río Ewan es parte de la Reserva Costa Atlántica, una franja que se cubre de aves durante el verano. Unos hermosos cisnes de cuello negro nadaban sobre un espejo de agua al costado de la ruta. Tabaré apuntó que pronto estarían volando hacia Buenos Aires...
La ruta complementaria “a” es un sinuoso camino consolidado que sube y gira y baja y vuelve a subir entre bosques de lengas. Para llegar al Cabo, desde donde hay una impresionante vista del Océano Atlántico, hay que recorrer 46 km por esta ruta. Al sur del Cabo, casi fuera de contexto entre tanta naturaleza, reposa el Desdémona, un buque que encalló allí hace una veintena de años. Tras una breve caminata se puede llegar a la cima del Cabo, donde está el viejo faro. De regreso a Río Grande visitamos la espléndida estancia Cabo San Pablo, ubicada en el km 39 de la ruta complementaria “a”, que recibe huéspedes de noviembre a marzo y puede alojar hasta ocho personas, cuatro en la casa principal y cuatro en una casa más pequeña.
Misión Salesiana
Unos kilómetros al norte de Río Grande, sobre la RN 3, se encuentra la Misión Salesiana Nuestra Señora de la Candelaria, fundada hace ya más de un siglo por Monseñor José Fagnano. Hacia allí nos dirigimos, sin saber bien con qué nos íbamos a encontrar.
Durante miles de años los selk´nam u onas habitaron gran parte de la Tierra de los Fuegos, como la bautizara Magallanes. Cuando el hombre blanco se asentó en la isla, hubo quienes promovieron el exterminio de los aborígenes y hubo quienes intentaron protegerlos llevándolos a vivir a las misiones.
Tres centenarias construcciones que aun se mantienen en pie fue lo primero que vimos al ingresar: una capilla de 1898 y dos casas donde solían dormir los indígenas y las Hijas de María Auxiliadora. En ese predio funciona el Museo Monseñor José Fagnano que con fotos, lanzas, cartas y muchos otros elementos documenta la historia de la Misión. A unos 600 metros, desolador frente al mar, está el antiguo cementerio en el que descansan restos de onas y salesianos. Hoy funciona en la Misión una Escuela Agrotécnica y una granja agropecuaria que también se puede visitar. La riqueza histórica del lugar bien merece un alto de unas dos horas..
Kaikén
Al dejar la Misión pusimos proa al sur. Todo el trayecto desde Río Grande hasta Ushuaia está ahora pavimentado, sin ningún tramo de ripio. Haríamos una escala más antes de llegar a la ciudad austral.
Aun en días de lluvia como el que nos tocó, Kaikén es sencillamente preciosa, con una vista privilegiada del Lago Fagnano. En medio de un espléndido marco de montañas y bosques, esta hostería que durante años estuvo abandonada reinauguró a fines de 2004 y hoy tiene ocho habitaciones dobles con vista al lago. En 2006 se inauguraron cinco simpáticos anexos que constan de dos habitaciones dobles con su baño privado cada uno. Sugerencia: dese una vuelta por el mirador con banquitos de madera que está a unos 200 metros de la hostería, es un lugar increíble.
Ushuaia
Finalmente llegamos a Ushuaia. Atractiva como siempre, nos recibió con algunos cambios. Dos de los más notorios son el ensanche de la avenida Maipú y el intenso desarrollo urbano hacia el oeste de la ciudad, al pie del Monte Susana. Cada año llegan miles de turistas, especialmente en grandes cruceros. A los puntos de interés clásicos como el Museo del Fin del Mundo, el Marítimo, el del Presidio y el Parque Nacional Tierra del Fuego con su tren de trocha angosta, se suman expediciones en kayak, trekking, navegación, excursiones a castoreras en 4x4, visita al Glaciar Martial y por qué no, una vuelta por la ciudad en su double decker.
Dentro del Parque Nacional, chicos y grandes pueden disfrutar del recorrido que hace el Tren del Fin del Mundo. De trocha angostísima y con locomotoras de vapor, los llevará a través de ríos, cascadas y bosques donde solían trabajar los presos.
Hay un nuevo lugar para reponer energías después de un largo día de actividades al aire libre. Se trata de El Almacén, ubicado sobre la Maipú. Esta antigua tienda de ramos generales fue transformada en una pintoresca confitería que es también bar y vinoteca. Conserva los pisos y estanterías originales y una colección ecléctica de elementos antiguos que invitan a recorrerla de punta a punta.
Un reducto especial para ver los últimos colores del cielo sobre el Beagle es Küar, un bar-restó con cervecería propia, mucho hierro, venecitas y piedras, buen reggae de fondo y un sector de grandes escalones cubiertos con alfombritas y almohadones que invitan a relajarse y disfrutar de la increíble vista (vaso en mano, claro está).
Navegación por el Canal Beagle
La mañana nos sorprendió gris, con algo de lluvia y ventosa. Dicen que si a uno no le gusta el clima de Ushuaia… no tiene más que esperar media hora. ¡Eso es lo que tardará en cambiar! Teniendo esto en cuenta, decidimos no aplazar nuestra excursión del día: una navegación por el Canal Beagle hasta el faro Les Eclaireurs. Nos esperaba en el Muelle Turístico la embarcación Kams, de la empresa Patagonia Adventure Explorer. Zarpamos con 16 pasajeros, el capitán, un marinero y nuestra simpática guía Belén. Atrás quedaba Ushuaia mientras las islas Bridges tomaban forma ante nuestra mirada expectante.
Desembarcamos en una de ellas y la recorrimos a pie mientras Belén nos contaba cómo vivían allí los yámanas, aborígenes canoeros que habitaban las costas del Beagle. Regresamos al Kams y avanzamos hasta la Isla de los Pájaros, donde revoloteaban tranquilos algunos cormoranes. Ahí nomás está la Isla de los Lobos, un macizo de roca donde suelen recalar los lobos marinos de uno y dos pelos. Finalmente dimos la vuelta por el famoso faro Les Eclaireurs, construido a principios del siglo XIX y paso obligado de todo buque que se dirija a la bahía de Ushuaia. A no confundirlo con el célebre Faro del Fin del Mundo, que está en la Isla de los Estados.
Trekking al Cortéz
El día amaneció soleado y sin mucho viento. Nuestra misión era llegar a la cima del cerro Cortéz. Una vez más nuestros amigos de la agencia Canal oficiarían de guías, en esta ocasión muy bien representados por Juan. La travesía al Cortéz se realiza atravesando un deslumbrante bosque de lengas y guindos que cubre las laderas del cerro. Con las mochilas al hombro, comenzamos el ascenso. Algunos rayos de sol entraban por los pocos espacios que quedaban abiertos entre las copas de los árboles, iluminando al azar los troncos caídos y marchitos que yacían cubiertos de musgo.
Después de dos horas de ascenso, ya no hubo más vegetación; sólo tierra, rocas, viento frío y nubes que parecían estar ahí al alcance de nuestras manos. Desde la cumbre, el soberbio Monte Olivia se imponía sobre todos los demás. Ushuaia se extendía serena ante nuestra mirada. Al comenzar el descenso, un águila mora y dos cóndores, uno de ellos de casi tres metros de envergadura, volaron impávidos sobre nuestras cabezas. Planeaban lentamente; los contemplamos tirados en el suelo boca arriba. En absoluto silencio y recogimiento.
Los Acebos, Finisterris y Tierra de Leyendas
La hotelería tampoco se ha quedado atrás y acompaña el crecimiento general de la ciudad. En el camino serpenteante que lleva al majestuoso Glaciar Martial, hace poco más de un año se inauguró el hotel Los Acebos, un cuatro estrellas de ley que pertenece a los Rodríguez Zubieta, propietarios del reconocido Las Hayas Resort. Rodeado de bosques y con una ubicación privilegiada que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad, Los Acebos tiene 56 habitaciones y 4 suites con penthouse, todas ellas con vista al Canal Beagle.
En otro plan, pero con una vista igual de alucinante, Finisterris es un pequeño y exclusivo complejo de cabañas con un mini spa privado. Construidas sobre la ladera este del Monte Susana e inauguradas en agosto de 2006, son tres espléndidas cabañas con tecnología de punta. Si bien fueron concebidas para parejas, alojan hasta cuatro personas cada una. Joaquín Fava Aguiar es quien dirige y supervisa hasta el más mínimo detalle en Finisterris. Se presenta como socio-gerente, pero lo vemos mucho más que eso. Con un background importante en organización, producción de eventos y gerencia gastronómica, Joaquín es pura vocación de servicio. Está disponible para sus huéspedes las 24 horas, aún para atender antojos para el desayuno del día siguiente.
Cada cabaña cuenta con 125 m2 de cálida madera, y está equipada con todos los gadgets electrónicos para ver películas o escuchar música; una cocina completísima y moderna y un spa con sauna finlandés, ducha escocesa, hidromasaje para dos personas y servicio opcional de masajista. Primus inter pares.
Uno de los servicios más exclusivos que ofrece Finisterris, además del spa en cada cabaña, es el de chef a domicilio, que permite al huésped degustar los platos patagónicos más exquisitos preparados in situ, en la cocina de la cabaña.
Cargadas con bolsas y heladerita portátil, llegaron cerca del mediodía Analía Colonna, gerente del wine bar y restaurante Gustino, y Naty Ríos, quien nos preparó, entre otras delicias, una entrada de paté casero de cordero al licor de miel con tostadas de pan saborizado y como plato principal unos increíbles triángulis (sic) negros de salmón ahumado con salsa cremosa y cebolla de verdeo. Si no se aloja en Finisterris, igual pase por Gustino, el restaurante del Hotel Albatros, y pida los triángulis, ¡no se va a arrepentir!
Las últimas noches de nuestro recorrido austral nos encontraron en Tierra de Leyendas, una preciosa hostería inaugurada en enero de 2005 que pertenece a la cadena Rusticae. Sus dueños cuentan con años de experiencia en el rubro: María Paz Muriel fue gerente de reservas del Marriott Plaza, y su esposo Sebastián García Cosoleto, chef de banquetes en el mismo hotel. Juntos cumplieron un sueño después de tomarse un año sabático para viajar por el mundo: abrir una hostería en la que el huésped “sienta que está en Ushuaia y no en un hospedaje cualquiera de cualquier parte del mundo”.
El Páramo, La Misión, La Coqueta y Los Yámanas son algunos de los nombres de las habitaciones. Cada una honra una porción de la historia local. Los increíbles desayunos 100% caseros son acompañados por cartelitos que también cuentan historias de la ciudad o de la isla. Una decoración rústica y cálida, vista al Canal Beagle y una mini biblioteca con libros sobre la isla van aquí de la mano con una gran calidad de atención y con los riquísimos platos que prepara Sebastián.
Tomamos el último vuelo de la noche hacia Buenos Aires. Atrás dejamos la tierra del fuego, de las montañas y del hielo. Recorrer los caminos de la isla nos devolvió una imagen mucho más acabada de su dimensión: el fin del mundo no es sólo un cartelito donde sacarse una foto.
Por Sonia Nordenstahl
Fotos de Cecilia Lutufyan
Publicado en Revista LUGARES 138. Octubre 2007.
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