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25 cosas que hay que conocer en Nueva York: segunda parte

Segunda entrega de una guía práctica con los rincones más atractivos, los imperdibles y las oportunidades de la ciudad que nunca duerme.

14. Empire State, vista nocturna

La mejor vista de la ciudad, desde el piso 102 del Empire State (u$s 15). Después de distinguir varios edificios, los ríos, los puentes, la geografía aparece la imagen de la gente. Las millones de luces encendidas me recordaron algo que escribió E. B. White sobre Nueva York, en 1949. Él dice que hay vagamente tres ciudades: una, de los nativos; otra, de los commuters (los que cada día vienen a trabajar desde los suburbios y se vuelven) y la última, de los que nacieron en otra ciudad y llegaron a Nueva York en busca de algo. Según White: "Los commuters le dan a la ciudad su inquietud inagotable; los nativos le aportan solidez y continuidad; pero los colonos le dan pasión".

 

15. Lady Liberty

Para este paseo se recomienda elegir un día de sol y arrancar lo más temprano que se pueda. Porque siempre hay muchos visitantes, para registrar cómo late el Downtown por la mañana y disfrutar del paseo por Battery Park. Además, llegando con tiempo puede tomar el ferry gratuito que llega en 25 minutos a Staten Island. Es un transporte estatal, manejado por la ciudad de Nueva York, para que los habitantes de la isla están conectados con Manhattan. Esta alternativa les servirá a los que tengan menos tiempo y quieran visitar únicamente la Estatua de la Libertad.

La otra opción es tomar el ferry clásico (Statue cruises, u$s 12) que va a Staten Island y después a Ellis Island, la isla que entre 1892 y 1954 fue la puerta de entrada para 12 millones de inmigrantes, y donde hay un excelente museo de la inmigración. Para subir es preciso reservar el ticket con tiempo (u$s 3 extra) a través de la página y si lo consigue, subir 354 escalones. El viaje hacia Lady Liberty es emocionante por el símbolo democrático que representa y por la cantidad de gente de todo el mundo que llega desde lejos a comprobarlo.

 

16. Tarde en el SoHO

De zona fabril y peligrosa, se transformó en barrio imprescindible. Todavía quedan fábricas de ropa, pero la mayoría de los viejos depósitos fue reciclada y ahora se usan como oficinas de sellos de música, estudios de diseño y publicidad. En el SoHO hay negocios, restaurantes, buenos cafés, como el Habana (17 Prince St.), y está McNally Jackson, una librería independiente para quedarse un rato largo (tiene una completa sección de libros en español en el subsuelo). Hace tiempo que se instalaron GAP, H&M, Mango y la japonesa UNIQLO, entre otras cadenas. Pero también hay tiendas con encanto. Agent Provocateur, la marca inglesa de lencería de lujo, fundada por Joseph Corré, hijo de la famosa diseñadora Vivienne Westwood, es una de ellas.

 

17. MOMA

En NYC las decisiones se toman minuto a minuto. Después de estudiar el plano del Museo de Arte Moderno, el fallo: pasaré la tarde en los pisos 4° y 5°. Los folletos dicen que hay pintura y escultura desde 1840 a 1970. En la sala 20 del cuarto piso hay un cuadro de Jackson Pollock que se llama Number 31 y fue realizado en 1950. Del quinto piso fue difícil salir. Estaba cansada, me dolían los pies. Pero no había manera: Picasso, La gitana dormida, de Henry Rousseau y Giacometti me tironeaban de los brazos. La noche estrellada, de Vincent Van Gogh, no estaba en el museo. Según informaba un cartelito, se encontraba de gira por Ámsterdam, como una banda de rock. Hasta abril de 2010, una muestra temporaria sobre el genial Tim Burton. Martes, cerrado.

 

 


18. Hanami

El diseño, la mirada, la música, la comida y las tradiciones japonesas están de moda en Nueva York, ciudad hermana de Tokio. Todos los años, entre fines de abril y principios de mayo se festeja el hanami o florecimiento de los cerezos, un ritual de primavera, tan emocionante que vale la pena planificar un viaje para estar ahí. El cerezo es el árbol querido de los japoneses. El Jardín Botánico de Brooklyn tiene 220 cerezos, una parte de los dos mil que donó el gobierno de Japón a Estados Unidos en el siglo pasado. Cada año celebra el Festival Sakura Matsuri, una fiesta para pasarse todo el día bajo los cerezos rosados. Las performances suelen ser muy buenas. El año pasado tocó la reconocida J-pop star Ai Kawashima. Hay workshops, talleres de origami, tambores taiko, DJs ultrapops, exhibiciones de bonsai, tours guiados por el jardín y miles de japonesas lookeadas con pelucas, medias o kimonos rosas, a tono con las flores.


19. The Blue Note

Desde que abrió en 1981, el mejor jazz del mundo pasa por The Blue Note, el club nocturno de Greenwich. Un martes de mayo, un jueves de octubre, cualquier día del año es posible ver grandes músicos en vivo. También hay noches donde se presentan nuevos talentos locales, que seguro son buenos. El lugar no es demasiado grande y se ve bien desde todos lados. Igual, conviene llegar con tiempo antes porque se llena. Según el artista invitado, la entrada cuesta entre u$s 10 y u$s 40 parado en la barra, y de u$s 35 a u$s 65 en una mesa. No es barato, pero el show es excelente. Los tragos son buenos y la comida no es gran cosa.

 


20. Strand

El problema de esta antigua librería cercana a Union Square es cómo salir. Su logo es "18 miles of books" que, traducido, son 28,9 km de libros. La librería, que ya pasó los 80 años, estaba antiguamente a la vuelta de la ubicación actual, en una calle conocida como la cuadra de los libros porque tenía varias librerías. Con el tiempo fueron reemplazadas por bancos y seguramente por alguna sucursal de la popular cadena de farmacias Duane Reade. Hoy, la única que queda es Strand, un negocio familiar atendido desde el comienzo por la familia Bass. Hay tres pisos y un subsuelo. Hay mesas de best sellers, de ofertas, de buenas ideas para hacer regalos, de curiosidades, por menos de u$s 10, de ficción y de no ficción. Todas tienen cartelitos con los libros recomendados por el personal, más de 200 empleados con cara de lectores voraces.

 

 

21. Grand Central Station

Podría ser un lujoso hotel de París, pero es una estación de trenes por donde cada día pasan 400 mil personas. De fachada clásica y techos altísimos, Grand Central (43 y Lexington Ave.) fue inaugurada en 1912, después de diez años de construcción. Las lámparas, los relojes y dos águilas de hierro, todos los detalles son monumentales. Si no le alcanza con mirarlos, puede sumarse a un tour gratuito para explorarla en detalle, los miércoles y viernes, a las 12:30. Un dato curioso: las constelaciones pintadas en el techo fueron hechas para ser vistas desde arriba. Cuando salga de la estación, mire hacia la izquierda y se encontrará con el Chrysler (405 Lexington), uno de los edificios más lindos de la ciudad y un monumento al art déco. En el barrio también está otro grande del siglo pasado, el hotel Waldorf Astoria.

 


22. L.E.S

Atrás del Chinatown, el Lower East Side es un barrio con onda. Es uno de los distritos más antiguos de la ciudad, donde casi todos los edificios son esos inconfundibles de Nueva York con ladrillo a la vista y escaleras de incendio en el frente. En ese distrito decaído y oscuro comenzó una movida de diseñadores y artistas que, como se ve, son los que descubren y colonizan nuevos barrios. En los últimos años abrieron tiendas de ropa vintage, donde se puede encontrar una cartera de cuero con mariposas fucsias pintadas, o una estola de piel que aterrorizaría al movimiento verde, tan presente en Estados Unidos. Hablando de verdes, en L.E.S. hay una sucursal de Babeland, un sex shop ecofriendly, que vende condones veganos, lubricantes orgánicos y juguetes que no dañan al planeta. También hay negocios multimarca. Entre la selección, una grata sorpresa argentina: las creaciones de Valeria Pesqueira. El mundo puede cambiar, pero siempre queda Kat's Delicatessen, deliciosa evidencia de antaño. Kat's abrió en 1888 y es uno de los mejores lugares de Nueva York para comer matzo ball, una típica sopa judía.

 

Los fines de semana, ferias callejeras de artesanías y ropa hecha a mano. Uno se prueba ahí mismo en la calle. Otro dato para los fines de semana: Market NYC, una feria de diseñadores jóvenes donde se pueden encontrar oportunidades. Dos imperdibles gastronómicos del barrio: Dean & Deluca (560 Broadway) y Balthazar (80 Spring). El primero es la casa de las delicadezas más sofisticadas. El segundo es un bistró francés donde la bouillabaisse es imbatible y las ostras, un viaje al mar. Aunque no coma ahí, asómese para ver el lugar. Pegado al restaurante está la panadería también de ellos, con brownies, muffins y panes recién hechos. Enseguida, el SoHo se transforma en Nolita, donde la escena es similar.

 

23. Planeta Tiendas

Además de lo obvio, de lo que se encuentra en la Quinta Avenida y alrededores, están las tiendas departamentales como Century 21, en el Financial District. Allí encontrará ropa, calzado, utensilios de cocina, baño y dormitorio, juguetes, todo de marcas conocidas y a precios reducidos. Es una tienda de varios pisos, seguramente saldrá con bolsas y cuando ya sea de noche. En la zona también está Syms, que maneja el mismo concepto, sin tanto para elegir. Pero más que grandes tiendas, prefiero recomendar sitios elegidos. Una juguetería indie, con preciosas muñecas de tela (desde u$s 10), teatros, juegos para aprender, guitarras, microscopios: Kidding around (60 W. 15 St), en el barrio de Chelsea.

Muy cerca hay una sucursal de Urban Outfitters, una tienda con ropa moderna para hombre y mujer, objetos para la casa y regalitos. El tipo de cosas que motivan la pregunta ¿de dónde te lo trajiste? Buenísimos sales. Otro seleccionado, por curioso, por único: Fish's Eddy, en Flatiron District, entre Chelsea y Gramercy Park, se especializa en vender vajilla vintage -platos, tazas, soperas, jarras, azucareras- que alguna vez vistieron las mesas de elegantes hoteles y restaurantes que ya no existen o cambiaron el servicio. Un hit: los cuchillos de primera clase de Pan Am, a u$s 10. Otro: J.J. Hat Center, el negocio de sombreros más antiguo de Nueva York (310 5th Avenue), establecido en 1911, un lugar para entrar aunque no use sombrero; un Fedora, desde u$s 55. Muji es una tienda japonesa que basa concepto en lo simple del diseño. Desde un sacapuntas hasta una remera de material reciclado, todo minimalista. Tiene varios locales en la ciudad y uno en la tienda del MoMA, que a propósito es un lugar más para chequear. ,

 

 

24. TriBeCa

El número 10013 es uno de los códigos postales más caros del país, y pertenece a TriBeCa, un barrio con lofts millonarios, donde el promedio de edad ronda los 38. Sólo con pasear un rato entre galerías de arte, calles de adoquines, bares y fábricas convertidas en departamentos de acero, vidrio y ladrillo, se advierte que TriBeCa (Triangle Below Canal Street) es un barrio exclusivo. El vecino más famoso es Robert De Niro, y en los últimos años se afianzó como un poderoso inversor. Tiene una productora, el restaurante Tribeca Grill, un complejo de cines y desde hace poco, el Greenwich Hotel, un lujoso establecimiento boutique. Además, De Niro es el principal promotor del Tribeca Film Festival, un certamen en crecimiento. Se realiza en mayo y es un momento especial para recorrer el barrio. Durante esos días hay música y eventos gratuitos en las calles. Varios de los mejores restaurantes de la ciudad están en el barrio. Y también está Nobu, el lugar del chef Nobu Matsuhisa (y también de De Niro). Justo al lado, Nobu Next Door es una versión informal, más accesible y sin reserva. Si el día amaneció lindo se puede disfrutar del área verde a orillas del río Hudson. Si viaja con chicos, el Washington Market Park.

 

 

25. East Village

Velvet Underground, The Ramones, Iggy Pop, Led Zeppelin, todos ellos tienen un bar, una calle donde se sacaron fotos, alguna historia en este barrio de tradición rockera. En sus orígenes, el East fue un lugar de inmigrantes polacos y ucranianos, por eso hay Museo Ucraniano y una plaza que lleva el nombre del gran poeta Taras Shevchenko. A pocas cuadras, la Cooper Union es una prestigiosa universidad fundada en 1859. Hoy quizás siguen viviendo muchos descendientes de inmigrantes, pero lo que más se ve por las calles son desfiles de turistas. Especialmente en la zona de St. Marks Place, con puestos, bares y restaurantes para turistas. Un clásico: Trash and Vaudeville, una tienda que vende discos, ropa y accesorios de la cultura punk rock de los años 70. En dos pisos, cuero negro, tachas, zapatos y fanáticos.

Alejándose unas cuadras hacia la renovada Plaza Tompkins, se pueden encontrar algunos negocios vintage, una buena peluquería, muros pintados con grafittis, pandillas de skaters y algunos cafés. Para tener en cuenta: Arepa's Bar (91 E 7 St., entre avenidas 1 y A), un bolichito venezolano con riquísimas arepas por u$s 4. Aquí la numeración de las calles incluye las letras del alfabeto, por eso el barrio que limita con el East, es Alphabet City. Para quien quiera salir de noche, el East es un sitio con movimiento, y Shoolbred's (197 Second Ave) un bar con ambiente.

 


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