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Asunción: Ciudad hot

A orillas del río Paraguay, esta urbe con nombre de mujer es una de las más pobladas y calurosas de Sudamérica. Qué ver, qué probar y dónde refugiarse del sol en este destino a la medida de los cultores del shopping tecnológico.

Colección de máscaras en el Museo del Barro, Paraguay. Autor: Mariana Eliano.

 

Pocos meses atrás, el hashtag #Paraguay estalló en Twitter cuando se comunicó que Aerosmith postergaría su show en el país vecino. La foto del rostro magullado del vocalista Steven Tyler dio la vuelta después de que un resbalón en la ducha de un hotel de Asunción se cobrara dos dientes de su generosa boca. Drogas, intoxicación, problemas gastrointestinales… las hipótesis acerca del accidente fueron tantas como las historias que se ventilaron sobre los enredos amorosos del presidente Fernando Lugo. ¿Nadie pensó en el calor como justificación del golpe? Dicen que en Paraguay hay sólo dos estaciones: la del verano y la del tren. Con temperaturas que alcanzan los 42º a la sombra, al pobre Tyler le habrá costado resistir el clima símil sauna.

Peguahe poraite Paraguaype, dijo el comandante de a bordo de la flamante aerolínea Sol Paraguay. Tras sólo dos horas de vuelo, la bienvenida en indescifrable guaraní me dio la sensación de haber aterrizado en cualquier lugar del mundo menos en uno sudamericano. Si bien sabía que esta lengua indígena era la más hablada del Paraguay, no estaba al tanto de que, con la promulgación de la Constitución de 1992, había sido declarada segundo idioma oficial después del español. Desde entonces, el guaraní se enseña en los colegios y se lee en algunos artículos online de los periódicos ABC Color y Última Hora. Incluso Wikipedia (Vikipetã en guaraní) ofrece una versión en este idioma.

Unas 600 mil almas habitan en la calurosa Asunción, cuya arquitectura de casas coloniales bajas conviven con otras amorfas y unos pocos edificios de altura. El más elevado es la Torre Icono, con 37 pisos.

En esta ciudad no hay Coca Cola que valga frente a la omnipresencia del refrescante tereré, versión localista de mate frío con carácter bien definido. Es una bebida enriquecida con hierbas medicinales que se sirve con hielo, y que los lugareños cargan en termos de dos litros. En Paraguay, termo y persona forman una unidad. “Dime cómo es tu termo y te diré quién eres”, sería un buen punto de partida para definir a sus habitantes. De colores, de animal print, floreados… hay un modelo para cada estilo personal.

La tierra del lapacho rosado tiene algo de realismo mágico: el presente se asemeja más al pasado que al futuro y el tiempo cronológico parece haberse detenido en los 50. Afiches de Marilyn Monroe proponen un ideal de belleza en peluquerías que todavía usan secadores de pie. Incluso los dos cafés más populares de la ciudad fueron fundados en esa época. En 1960, Café Bolsi marcó un hito al convertirse, nada menos, que en el primer salón comedor con aire acondicionado del Paraguay. Desde entonces, su barra es la excusa para refugiarse del calor mientras se disfruta un clásico de la cocina local, como el chipá guazú. “La más grande de las chipas”, consiste en una torta de maíz o pastel de choclo horneado que se come a cualquier hora del día. Lido Bar es el otro protagonista de la gastronomía asunceña. Fundado hace 58 años, es famoso por su caldo de pescado y por sus empanadas de carne. El plan allí es picar alguna minuta en su barra con forma de ameba que atienden mozas lookeadas a lo Doris Day.

A propósito de la gastronomía, Paraguay debe ser el único país del mundo en el que la sopa se come con tenedor. Cuenta la historia que la cocinera del primer presidente, Carlos Antonio López (1844-1867) (ojo con este dato: el primer presidente de Paraguay fue Fulgencio Yegros, y el que antecede a López fue el célebre José Gaspar Rodríguez de Francia, bajo cuya presidencia el país se desarrolló al punto de ser el único de Latinoamérica con siderurgia. Ahora bien, el dato exacto ¿cuál sería? ¿La cocinera del primer presidente, o la cocinera de Carlos Antonio López?), solía preparar un plato llamado tykuetï (o sopa blanca) con leche, queso fresco, cebolla y harina de maíz. Un día se le fue la mano con la harina de maíz y la sopa se espesó tanto que decidió hornear la preparación como si fuese un pastel. El error se convirtió en un hito culinario al que el mismo López habría bautizado “sopa paraguaya”.

Durante el día, la vida late en el casco histórico. Las cuadras suenan a reggaeton. En cada vereda, un vendedor ambulante instala su LCD y su equipo de audio a todo volumen para ofrecer películas y discos de piratería. Casas coloniales conviven con tiendas para tecnófilos, como la Galería Central, donde la vanguardia techie se consigue a precios sustancialmente menores que en la Argentina. Vendome y Fucsia son la perdición de las fanáticas de los perfumes y maquillajes importados. El shopping, en esta tierra de bajos impuestos, es una de las principales razones para visitarla. El after-shopping sucede en la terraza con vista al Palacio de Gobierno de Casa Clari. De estilo art nouveau tardío, fue construida por el arquitecto Clari a principios del siglo XX y hoy hace parte del complejo arquitectónico Manzana de la Rivera, conformado por edificios que representan diversas épocas históricas de la ciudad.

Sin embargo, quien quiera descubrir el shopping local debe sumergirse en el mercado 4. En las afueras del casco histórico, se despliega en 12 mil puestos callejeros que ofrecen desde ropa deportiva de imitación hasta maíz y mascotas. En el mercado 4 todos los deseos se hacen realidad encarnados en versiones que son calco de los productos originales y que cuestan la quinta parte.

Pasadas las cinco de la tarde, la movida cool se enciende en Villa Marras, que es algo así como el Palermo paraguayo. En este barrio, espaciosas residencias conviven con hoteles de cadenas internacionales, pubs y restaurantes americanos que prescinden sin culpa de la chipá. En este barrio también es posible tener una de las mejores vistas de la ciudad: desde la terraza que funciona en el décimo piso del hotel Sheraton se puede saludar al sol con una inmejorable vista de 360º y la reparadora brisa propia de las alturas.

Asunción tiene algo de Brasil, que va más allá de las explosiones irreverentes de verde en pleno asfalto y del buen genio de sus habitantes. Existe un edificio, en el que hoy funciona el hotel Guaraní Esplendor, cuya estética moderna fue varias veces erróneamente adjudicada al brasileño Oscar Niemeyer. Sucede que la construcción es obra de su compatriota Adolpho Rubio Morales, así que el equívoco tiene sentido.

Y, además, ¿quién dijo que no tiene playa? El aire acondicionado no es el único aliciente frente al calor guaraní. A sólo 14 km del centro se detecta una propiedad de 200 hectáreas junto al río Paraguay, con playa de arena, enormes piscinas, un golf de 18 hoyos y restaurantes gourmet, entre otros esparcimientos. Encuéntrelo bajo el nombre de Resort Yacht y Golf Club Paraguayo y haga un alto en este oasis.

 

Sobre las artes y el fútbol

Un poco más adelante, ya en Gran Asunción, se llega a la ciudad de Luque. Allí, el aire está viciado de fútbol. Es que Luque es la cuna del Club Sportivo Luqueño, cuya camiseta azul y oro es la tercera con más adeptos del país, a pesar de los escasos logros deportivos que le regala a su fanática hinchada. “Si te quedás quieto, en Luque te pintan como a un poste”. No hay rincón de esta ciudad que no lleve los colores del equipo. Un ejemplo (¿de qué? ¿de que está pintado con los colores luqueños?) es el taller del orfebre Segundo Gómez. Cuando no se dedica a alentar al luqueño, destina su tiempo al arte de la filigrana. Con paciencia de artesano virtuoso, estira la plata formando finísimos hilos que entrecruza imitando el diseño de un encaje. Esta técnica, que desembarcó en Paraguay junto con los españoles, fue transmitiéndose de generación en generación y hoy está prácticamente perdida. Segundo es también uno de los pocos “ramaleros” que quedan. “El ramalero es el experto en labrar la alianza de siete ramales… Se trata de un anillo compuesto por siete aros entrelazados que se encastran formando un diseño. Se usaba en tiempos de la Guerra de la Triple Alianza: cuando un soldado se iba a combatir, lo colocaba, armado, en el dedo de su mujer. Si ella se lo quitaba, el anillo se desarmaba delatando así su infidelidad”, cuenta Segundo. (¿algún dato actual para cerrar el tema? ¿se usan hoy esas alianzas de siete ramales, quiénes las usan, o sólo tienen valor de colección por su propia historia? Con un par de líneas, máximo, es suficiente.)

Volviendo al fútbol, Luque es además sede de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), y desde 2009 cuenta con un Museo del Fútbol Sudamericano. Si bien el recorrido puede ser autoguiado, no es lo mismo que hacerlo con el guía Alberto Benítez. Su memoria a lo Cherquis Bialo es capaz de retener cifras como los 2.580 goles que suman todas las ediciones de la Copa América y de enfrentar cualquier reto estadístico que le propongan los visitantes.

 

Sobre San Bernardino y alrededores

En términos de turismo, Paraguay quiere salir del anonimato. Como primera medida de esta campaña, en septiembre de 2011 el actor paraguayo Arnaldo André fue designado Embajador Turístico del Paraguay en la ciudad de Buenos Aires, donde reside. El galán televisivo de los 70-80, que supo seducir desde sus papeles protagónicos en Pobre diabla y Amor gitano, que fue premiado con un Martín Fierro (2010) por su actuación en la serie Valientes, y que es recordado en los camarines porque propinaba bofetadas reales a sus contrapartes femeninas durante la actuación, nació en San Bernardino. Ubicado en el departamento de Cordillera, este enclave es algo así como el Cariló del Paraguay donde veranea la Asunción pudiente.

San Bernardino es una apacible ciudad que creció a la vera del contaminado lago Ypacaraí, y carga con un controvertido pasado. En 1887 desembarcó allí el alemán Bernhard Förster, junto con su mujer, Elisabeth Förster-Nietzsche (hermana del filósofo), y 14 familias coterráneas. Inspirado en las ideas antisemitas del músico Richard Wagner, Förster se propuso crear un asentamiento ario puro. El excluyente proyecto, al que llamaría Nueva Germania, no prosperó y, en 1889, Förster se quitó la vida en la habitación que ocupaba en el Hotel El Lago –aún en funcionamiento–. Sus restos fueron enterrados en el cementerio local donde, con el auge de las ideas nacionalistas de los años 30, se celebró un servicio funerario en su memoria por orden del mismísimo Adolf Hitler.

De esa fugaz memoria germánica perduran rastros en la gastronomía local. Si quiere comer un plato de estirpe alemana o una pastelería de idéntico origen, San Bernardino es uno de los pocos lugares de Paraguay donde darse el gusto. Para conocer la patria chica del actor de teleteatro sin viajar, habrá que esperar al estreno de Lectura según Justino, la película autobiográfica de Arnaldo André; él mismo la dirigirá y se rodará a orillas del Ypacaraí entre febrero y abril próximos.

San Bernardino es también una de las paradas del Circuito de Oro (Pyporé), flamante ruta temática creada para promover el turismo en las afueras de Asunción. A bordo de una combi, con mucho aire acondicionado, primero se visita la iglesia de San Buenaventura (1772) en el pueblo de Yaguarón. De estilo franciscano, es austera por fuera y bellísima por dentro gracias a las tallas en cedro y lapacho con sello barroco-franciscano-guaraní. A continuación, tirolesa: la propuesta es atravesar parte de la Reserva (privada) Mbatoví, remanente del bosque atlántico donde se esconden cascadas, orquídeas y helechos arborescentes. Antes de seguir hacia Areguá, hay almuerzo buffet y chapuzones en la piscina de La Quinta. En Areguá, pueblo de casitas coloniales, se destacan por su arte en cerámica. Los hermanos Páez Monjes reciben en su taller de alfarería donde una turista puede, por un ratito, sentirse como Demi Moore en la película Ghost… sin el corazón roto. Sépalo para postularse a tiempo. El epílogo de este periplo sucede en La Palmera, donde Úrzula se encarga de devolver a las visitas pipones de m'beyu (harina de mandioca, almidón, queso y manteca), chipá guazú y la dulce torta de miel de caña.

Por Connie Llompart Laigle. Fotos de Mariana Eliano. Nota publicada en Lugares n°190.