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Auroras polares

Pueden ser boreales o australes, pero la proximidad continental a la región ártica hace que sea más fácil llegar al extremo norte para poder observarlas. Estas manifestaciones luminiscentes se repiten cada invierno en los puntos más fríos de la Tierra.

Las personas que alguna vez asistieron a ese espectáculo natural que colma los cielos polares sólo atinan a recurrir a un puñado de palabras sueltas para tratar de describirlo. Inolvidable, mágico, fascinante, maravilloso, es un despliegue de colores danzantes, hay que verlo… son las expresiones más habituales que esgrimen. Pero la emoción no explica el fenómeno celeste. Para entender qué sucede en el firmamento nocturno de los polos durante los largos meses de oscuridad total, primero hay que situarse en el Sol, fuente de toda energía vital que nos rige desde una distancia de 150 millones de kilómetros.

De esa masa solar, cuya parte más externa (corona) puede alcanzar los tres millones de grados centígrados, se desprenden partículas que llegan hasta la órbita terrestre –y de otros planetas también–. Ese flujo de partículas, atraído por el campo magnético de la Tierra, choca con la atmósfera y provoca una perturbación energética en los átomos de sus componentes más abundantes, es decir, del oxígeno y del nitrógeno. Cuando dichos átomos vuelven a su estado original, liberan la energía de la que se cargaron en forma de luz visible. Dicha luminosidad es la que se percibe desde la Tierra.

 

EFECTOS ESPECIALES

Las auroras polares son multicolores y tienen estructuras y formas diversas. Una aurora puede manifestarse como un arco muy alargado que se extiende en el horizonte, casi siempre en dirección este-oeste; al filo de la medianoche su brillo suele intensificarse. Entonces sucede por ejemplo que se forman ondas o rizos a lo largo del arco, e incluso aparecen delgados rayos verticales. Y es esta transformación la parte más impactante del fenómeno, dado que a simple vista se aprecia cómo la bóveda celeste se llena de oleadas de haces luminosos, de espirales y bandas. La duración de estosefectos especiales también es variable; minutos u horas, e incluso varios meses, como pudo observarse en una aurora austral desde la base estadounidense Amundsen-Scott.

En cuanto a los colores, éstos dependen de la naturaleza molecular de los gases atmosféricos que las partículas eyectadas por el Sol hayan excitado. Del verde amarillento y del colorado  más intenso son responsables las moléculas de oxígeno. De la luz azulada, las moléculas y átomos del nitrógeno, y las del helio son las que arrojan una tonalidad que tiende al púrpura, propia de los bordes inferiores de las auroras y de las partes curvas más externas. De todos los colores, el verde es el más común. El espectáculo lumínico se desarrolla entre los 90 y 130 kilómetros de altura, distancia que hace posible su visibilidad desde muchos puntos de la Tierra. La mayor concentración se da en un cinturón que se sitúa a unos 2.500 kilómetros de los polos.

El momento para verlas es en los meses de más baja temperatura. Las boreales se manifiestan de septiembre a marzo, y el período de mayor actividad se da de enero a febrero. Prácticamente todo el extremo norte del hemisferio boreal es una platea idónea para apreciar este fenómeno en vivo y en directo. Pero la ciudad de Tromsø, al norte de Noruega, se erigió en la capital mundial de las auroras polares. Aquí se ofrecen actividades (paseos en barco y cenas a la luz de las auroras, salidas en motos de nieve a determinados parajes montañosos, caminatas con raquetas, excursiones en trineos, etcétera), pensadas para sacar el máximo provecho de tales manifestaciones extraordinarias. Manifestaciones que, más allá o más acá de cualquier explicación científica sobre los motivos que las generan, son, para la comprensión de la gente, sencillamente fascinantes.

Desparraman las auroras su velo de plata a través de los cielos, ora doradas, ora verdes, ora rojizas; danzan, se agrandan y se achican. Sus exuberantes hilos luminosos producen olas de color y luz que brillan en este único momento”. Así las describió, en poética prosa, el explorador noruego Fridtjof Nansen. Para ir un poco más a fondo en este complejo fenómeno solar, sólo hay que recurrir a los datos que la web provee. Y después, sólo es cuestión de elegir con cuál de los videos de YouTube uno prefiere distraerse.

 

Nota publicada en revista Lugares 208.