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Carhué + Epecuén

La que supo ser meca del turismo termal en la lejana línea de fortines del oeste, mantiene su propuesta de combinar relax terapéutico con una muy tranquila vida urbana. La arquitectura monumental de Salamone y las ruinas de la villa que sepultó la gran crecida del 85 son sus hitos.

Flamenco, emblema de Carhué. Autor: Nacho Arnedo

La historia de Carhué es la de todos los pueblos que crecieron, contra viento y polvareda, en la antigua e inestable frontera entre indios y huincas, aquella de los malones y las cautivas, de las avanzadas a puro fuego y galope en la inmensidad de la pampa indómita. Fundado por Nicolás Levalle en 1877 a orillas del lago Epecuén, en la línea de fortines de adobe y totora erigidos sobre los márgenes de la fallida Zanja de Alsina, Carhué hace honor a su nombre araucano, recuperado en 1949, que significa “lugar verde”.
El verde es el color de la sanación, dicen los sabios cromáticos, y las aguas termales de esta ciudad tranquila –clorosulfatadas, alcalinas, sódicas, bicarbonatadas, bromuradas y azufradas–, comparables a las del Mar Muerto por su concentración salina, resultan incomparables a la hora del uso terapéutico y los tratamientos estéticos. Uno de los mejores lugares para disfrutarlas es el Hotel Spa Termal Carhué, donde además del baño ritual en la pileta –el cuerpo flota sin esfuerzo y hay que prestar atención para no pasarse de los 30 minutos de rigor, tan placentera es la experiencia– ofrecen una amplísima variedad de masajes e hidrataciones a base de elementos tan dispares y disparadores de la imaginación como las algas, el fango, el caviar o la caña de bambú.
Así las cosas, la estadía en la ciudad puede continuarse con una visita al Museo Histórico Regional, cuyas salas cobijan –amén de un atildado despliegue de utensilios domésticos, ropas, herramientas, juguetes, instrumentos musicales, botas de potro impecablemente cortadas e iconografías varias de los conquistadores de estos desiertos (primero los araucanos venidos de allende la cordillera, que asimilaron a los autóctonos tehuelches; después los coroneles de la campaña de Roca)– algo que rara vez se ve: un distintivo masón de puro cuño que perteneció al fundador Levalle.
El otro hito carhuense son los edificios construidos por el legendario arquitecto Francisco Salamone, que dejó su marca en la zona: el Matadero, hoy inactivo, clavado como un cuchillo de punta roma a orillas del lago, y el Palacio Municipal, que visto desde la plaza sugiere la inequívoca silueta de un periscopio y según los expertos conjuga rasgos de art decó, futurismo italiano y funcionalismo inspirado en la Bauhaus. Pero los lugareños, que inexorablemente se autodefinen como “fanáticos de Carhué”, insisten en que nadie puede irse de aquí sin haber visitado las ruinas de la Villa de Epecuén, barrida por las aguas del lago en noviembre de 1985. Hoy por hoy, luego de haber pasado años literalmente sumergida bajo el agua –tanto que sólo podía visitársela en lancha–, lo que queda de la villa puede recorrerse caminando por las antiguas calles, entre paredes desmoronadas y escaleras interrumpidas que ofician como improvisados miradores desde donde contemplar el lago y la extensión arrasada, dinteles de madera todavía firmes en su lugar, troncos de tamariscos blancos de tan resecos en prolijas hileras, rejas, botellas, lavabos manchados de verdín, hierros retorcidos, algún mueble. Aquí, como resistiendo la inclemencia, los escombros y el olvido, reside todavía don Pablo Novak, acompañado por sus perros y sus vacas. Sentado en lo que fuera el banco del viejo bulevar, nos cuenta “un par de cosas, para pasar el rato”. Que tiene diez hijos, que tuvo diez hermanos, que trabajó la tierra, que cuando subieron las aguas se fue, que enseguidita volvió porque sentía nostalgia. Que se fue quedando, quedando, con la esperanza de que algún día, alguien, reconstruyera Epecuén. “Yo tengo los diarios del terremoto de San Juan, y allá reconstruyeron... Y acá también pasó lo mismo con un pueblo vecino, que se lo llevó el viento. Por eso no pierdo las esperanzas,” nos dice. Y su mirada gris se adentra en el petrificado horizonte grisplata de la villa fantasma.

DATOS ÚTILES


DÓNDE DORMIR
Hotel Carhué Spa Termal
Dorrego 520.
T: (02936) 43-2887.
hotelcarhue@invertel.com.ar
www.hotelcarhue.com.ar
De Rubén Besagonill. Tiene 25 habitaciones de distintas categorías. Desde $390 por persona la habitación standard, incluyendo desayuno, media pensión (a la carta, mediodía o noche) y uso de las piscinas termales y el gimnasio.

DÓNDE COMER
L´Angolo Restó
San Martín y 9 de Julio.
T: (02936) 43-4127.
Excelentes pastas caseras.
Parrilla Cabalino
Colón 1680.
T: (02936) 43-4198.


PASEOS Y EXCURSIONES

Museo Regional Dr. Adolfo Alsina
Rivadavia y Laprida.
T: (02936) 41-2428.
museocarhue@invertel.com.ar
www.museocarhue.gov.ar
FB: Museo de Carhue.
Lunes a viernes de 7 a 13 y de 15 a 18. Sábados y domingos de 9 a 13. Entrada gratuita.

*Los precios son de abril de 2013.


Por Teresa Arijón. Nota publicada en revista Lugares 204.