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Cuento mi viaje: Cerros verticales

Ileana Dalmasso aprovechó una parada en el norte de Italia para descubrir el Parque Natural de los Dolomitas, un paraíso para los amantes de las caminatas.

Desde lo alto. Autor: Ileana Dalmasso

Llevaba casi cinco meses recorriendo Europa con mi mochila, y me propuse descansar un poco para luego seguir viaje antes de volver a casa. El lugar elegido para la pausa fue Maróstica, un hermoso poblado al norte de Italia que se extiende entre colinas y viñedos. Está coronado por un castillo y una magnífica muralla que encierra la antigua ciudad.
Luego de un par de semanas y sin mucho más que hacer en la Maróstica, una amiga me habló del Parque Natural de los Dolomitas. No necesité más que un par de fotos para decidirme a conocerlo. Ella me contactó con un amigo suyo que ya lo había caminado varias veces, me compré un libro titulado “Los 50 senderos más bellos de los Dolomitas”, y me puse en marcha.

Cumbres italianas
Los Dolomitas son una cadena de formaciones rocosas que descansa sobre colinas verdes. Debe su nombre a la composición de la roca –llamada dolomita en italiano y dolomía en castellano–, que es semejante a la caliza y compuesta por carbonato doble de cal y magnesio.
Dicha cadena se reparte entre las provincias de Belluno, Trento y Bolzano y está salpicada de pequeños y pintorescos pueblitos no muy distantes el uno del otro. Por lo intrincado de los caminos, la mejor manera de recorrer estas villas de montaña es en micro.
En invierno se cubren de nieve y desbordan sus pistas de esquí. Y en verano, los senderos se llenan de caminantes dispuestos a descubrir nuevos paisajes.
Con varios picos por encima de los tres mil metros, el clima en la cima es de alta montaña. Hay telesillas y funiculares en distintos puntos del Parque. A mi criterio, fue una gran idea de los que trazaron los límites de la región, ya que así se pueden descubrir caminos de altura y alternar con tramos de telesilla cuando no hay ganas o resto físico. 

Todo cuesta arriba
El periplo comenzó en San Martino di Castrozza, una preciosa localidad rodeada de bosques y montañas. Desde el pueblo mismo tomé la telesilla para subir hasta el impresionante Pale di San Martino, una explanada de roca blanca como la superficie lunar y el punto de partida de varios senderos. Muy cerca está el pico Rosetta, al que llegué luego de 30 minutos de ascenso. La vista desde la cumbre es impagable, aún cuando hay muchas nubes.
El Paso Rolle es otro imperdible. Desde ahí parte una caminata de seis kilómetros hasta el Cristo Pensante. Después de esquivar un número considerable de vacas y algunas ovejas, se llega al mirador donde está el Cristo.
Días después me fui a Cortina d`Ampezzo (a 40 km) y, micro mediante, alcancé el refugio Auronzo. Es el punto de arranque para subir hasta las Tres Cimas del Lavaredo, el trío de picos más distintivo de la zona. El recorrido se puede hacer en un día. Son diez kilómetros de caminata por senderos irregulares que surcan un espectacular conjunto montañoso.
La primera parte me tocó con nubes y un poco de lluvia, un viento frío y algo huracanado que me recordó la Patagonia. Caminé por la base de las cimas y me quedé allí un buen rato. Mi amiga me había dicho que era una de las vistas más lindas del lugar y coincido.

Cinque Torri y Paso Sella
De Cortina se tarda una media hora más en bus hasta el Paso Falzarego. Una opción desde ahí es hacer un trekking corto hasta el refugio Cinque Torri, junto a la formación homónima. Como su nombre indica, son cinco torres rocosas que se pueden rodear por un sendero, o escalar. Más arriba hay otro pequeño refugio, el Nuvolau, uno de los mejores miradores sobre Cortina, casi sin obstáculos.
Bajé de nuevo al Paso Rolle y tomé otro bus, esta vez con destino a Corvara y Colfosco, dos enclaves escondidos entre macizos de roca que ya corresponden a la provincia de Belluno. Fui directamente al Paso Sella y su refugio, el punto de partida de un nuevo trekking llamado el Giro del Sassolungo. Para ahorrar energía, decidí subir a una telesilla con aspecto de cápsula que me dejó en el inicio del sendero. Después fue todo en bajada, por momentos muy empinada, entre agujas de roca y algunos manchones de nieve.
Más abajo, el paisaje muda en bosquecito verde y ensortijado. Antes de adentrarme en él, di media vuelta para admirar por última vez las magníficas agujas de piedra.
Pasé la noche en el refugio Sella. Como todos los que conocí, éste funcionaba como un hostal. Los refugios en los Dolomitas son una buena opción para alojarse, ya que en temporada es difícil encontrar lugar en las posadas de las villas. Además, la mayoría está relativamente cerca de las paradas de micros, lo que facilita el desplazarse entre las regiones.

Teleférico y un museo al aire libre
Al día siguiente me dirigí al Paso Pordoi. De ahí sale un teleférico que llega al punto más alto del escenográfico Sass Pordoi, una vasta planicie rocosa muy visitada por tener buenos senderos y una de las vistas más impactantes del Parque. Estuve bastante tiempo en el lugar, admirando la dimensión de esos macizos rocosos y la caída recta y vertiginosa de sus paredes.
De vuelta al Paso Falzarego, me propuse subir al monte Lagazuoi. Además de las vistas, lo más impactante es la posibilidad de seguir la ruta del ejército austro-húngaro durante la I Guerra Mundial. Este paraje fue uno de los escenarios de combate con el ejército italiano. En la cima hay un museo al aire libre, donde se pueden observar fortalezas, galerías, barricadas y túneles que se usaron durante los enfrentamientos. Es una montaña con historia, múltiples recordatorios de los horrores de la guerra y, en compensación, hermosas vistas de los alrededores.
Este fue el final de ocho días de caminata por los Dolomitas. Tuve la suerte de que el buen clima me acompañara siempre y de descubrirlas casi en soledad, aunque fuera temporada alta.
De vuelta a la Maróstica, le agradecí el consejo a mi amiga y le llevé de regalo un exquisito queso de cabra, producto típico de la región. Yo me traje las piernas cansadas, unas fotos increíbles y muchas ganas de volver a este gran Parque natural.

Para contactarse con la autora de la nota: iledalmasso@hotmail.com

 

Nota publicada en febrero de 2013.