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El Norte en agosto

La Quebrada de Humahuaca es un mundo lleno de historia, cultura y tradicin, que atrae a viajeros de todo el mundo. Cmo son y qu hay de nuevo en los dos pueblos norteos que ms crecieron en los ltimos aos.

Valle de Purmamarca y el Cerro de Siete Colores.

A Tilcara recalamos despus de un vuelo Buenos Aires-Salta con cuatro horas de atraso, un mate que no dur tanto como hubisemos querido y mucha, mucha paciencia para llegar a destino pasando por los puestos de gendarmera y control de velocidad sin ms retraso que el que ya traamos. Nos lo tomamos con filosofa; una vez que entramos en territorio donde la Pachamama es ama y seora de todo lo que toca el sol, decidimos que no podamos hacer ms que entregarnos a sus caprichos.

Camos al Norte en agosto, su mes especial; el momento en que la madre tierra descansa, recibe las ofrendas de comida y bebida de aquellos que durante el resto del ao se sirven de ella, y considera sus ruegos para comenzar el nuevo ciclo de cosecha con benevolencia. Esperando ser bienvenidos en sus dominios, tocamos la puerta de Con los ngeles, la hostera de Susana Bosc, que nos abri con cara de alivio y a la vez preocupacin. Nos esperaba mucho antes. Cruzamos unas cuantas palabras de bienvenida, y a la cama enseguida.

Slo al da siguiente pudimos ver realmente dnde estbamos. Con slo abrir la puerta de la habitacin, nos encontramos en un jardn lleno de flores lirios, azaleas y lavandas y banquitos de madera con migas de pan para los pajaritos, que se amuchaban felices. Despus del desayuno, arrancamos el da.

De paseo por Tilcara

Primero lo primero: ir a visitar el Pucar. En la mismsima entrada, al pie del cerro donde se encontraron las ruinas, nos enteramos de que la denominacin Pukara en quechua, fortalezase refiere a un cerro de difcil acceso, trmino con el cual coincidimos plenamente despus de caminarlo cuesta arriba unos 15 minutos. Desde la cima, se puede ver un amplsimo panorama de la Quebrada, ventaja que utilizaban los indios de la zona para prepararse con tiempo al divisar a sus enemigos. Las construcciones del lugar fueron rehechas con los mismos materiales con que haban sido levantadas en origen; piedra para las paredes y torta de barro y paja asentado sobre tirantes de cardn para los techos. As, se pueden recorrer los sectores de viviendas, el de culto y los corrales para las llamas, como si hubiesen permanecido intactos.

Al medioda enfilamos hacia La Chacana, donde encontramos a Mnica Bertuzzi pionera que lleg desde Buenos Aires hace 20 aos, feliz al frente de su nuevo restaurante. A l se accede por adentro de Tierra Azul, una galera con patio abierto alrededor del cual se ubican distintos negocios (locales de artesanas, una agencia de viajes y cinco habitaciones que se alquilan en el segundo piso). Comimos las delicias de sus platos andinos, mezclados con la buena msica del lugar, sorbimos t de hebras y tuvimos una amena charla.
Con la panza llena y el corazn contento, nos paseamos por la plaza (a la que encontramos tan llena de gente, puestitos con artesanas, telas y msica a todo volumen, que en realidad slo miramos, primero curiosos primero y hartos despus, y seguimos de largo). Por suerte encontramos una segunda plaza a menos de dos cuadras, sta s, mucho ms solitaria y tranquila, frente a la iglesia, donde sentarnos a descansar.

Un poquito ms tarde, los pasos nos llevaron hasta Posada de Luz, que lleva el nombre de su duea, Luz Manfredi. Encantada, nos mostr todos los rincones y nos cont mientras disfrutamos de la vista panormica impresionante que tieneque sta era su casa de veraneo, a la que convirti en hostera cuando decidi venir a instalarse. Y en esto estbamos cuando un bicho demasiado grande y lanudo nos pas por enfrente. Rindose ante mi cara de susto, Luz nos explic que Santos, su hermano, tambin se vino a vivir al pueblo, y que ah descubri a estos animalitos llamas, ni ms ni menos que estudi y comenz a domesticar. Si en la antigedad servan para todo comida, abrigo, y carga de mercadera uniendo puna, valles y selvas por qu no podra usarlas ahora para organizar largas travesas a pie? All mismo arreglamos para salir en una excursin con l al da siguiente.

El resto de la tarde lo pasamos visitando Rincn de Fuego y El Refugio del Pintor, las dos hosteras de Ricardo Mealla. Ambas siguen un estilo: por fuera pasan inadvertidas tienen la misma fachada que el resto de las construcciones, a no ser por un pequeo cartel que los identifica y por dentro son un mundo aparte, cmodas y funcionales. Ricardo se preocup ms que nada por preservar y recuperar la identidad del lugar, aunque brindando buen servicio a sus visitantes, con restaurante abierto las 24 horas y una carta de cocina andina gourmet.

Despus de comer rico y conversar mucho, dimos un paseo nocturno para ver qu nos poda deparar Tilcara, pero nada encontramos que justificara trasnochar y nos fuimos a dormir.

La Caravana


Al despuntar el da siguiente, como habamos quedado, apareci Santos Manfredi en una camioneta pick up. Nos trepamos enseguida, y despus de las presentaciones correspondientes, seal a la caja. Dimos vuelta la cabeza, para encontrarnos luneta de por medio, clarocon tres caras de ojos negros enormes y redondos, labios gruesos y mucha lana.

Gandalf, Saruman y Yana, que quiere decir Negro, en quechua. Estas son los llamitas que nos van a ayudar en nuestra excursin. Aclar el hombre.
Mirando a cada rato para atrs (un poco nerviosa de verlas ah sentadas tan tranquilas), recorrimos los escasos seis kilmetros que separan Tilcara de Juella, pueblito agricultor, donde iniciamos el camino a pie.

Hasta donde yo saba, las llamas patean. O peor, escupen. Pero las de Santos se portaron increblemente bien mientras las cargbamos con canastas, termos y el resto de nuestros petates, y al ratito entramos en confianza.

Santos vino desde Buenos Aires hace cinco aos, y empez por ayudar a su hermana a construir la posada. Lo de las llamas fue amor a primera vista. Comenz a investigar las tcnicas de domesticacin en la antigedad y as se fue enterando de cmo hacer un bozal, qu darles de comer y cunto y con el tiempo se fueron entendiendo cada vez ms. Ahora tiene 150, de las cuales 19 estn domesticadas. Y mientras nos contaba acerca de las experiencias que vivi en las muchas expediciones que hizo por la Quebrada a pueblitos perdidos en medio de las montaas, empezamos a andar.

Primero hubo que hacer un Chaiaco, ritual que implica hacer un pozo en la tierra con un cuchillo, donde se esparcen hojas de coca y alcohol para que los Apus, espritus de la montaa, deparen un buen viaje. Despus, le puso un collar de cascabeles a Yana, y explic que siempre haba una madrina en las caravanas, que guiaba el camino. De esta manera, empezamos a subir cerros en fila india, admirando el paisaje inmenso.

Media hora despus nos detuvimos. Miramos a nuestro alrededor, y lo que vimos fue una gran planicie sobre la montaa, cubierta de cardones de ms de ocho metros de altura; se trata de un monte varias veces centenario, teniendo en cuenta que los cardones crecen a razn de 2 cm por ao. Santos nos fue sealando algunas piedras amontonadas y pircas antiguas; estbamos en el pucar de Juella, del que nicamente se ven los cimientos. Quizs un da le toque la misma suerte que al de Tilcara y lo reconstruyan.

Despus, eligiendo un punto estratgico con vista al ro, desarm la carga de las llamas y en poco ms de cinco minutos arm un picnic magnfico, que supimos disfrutar mientras hablbamos de historias de indios y caminos largusimos, de llamas incansables y de culturas olvidadas.

Descanso y tranquilidad

A la vuelta, pasamos a almorzar por Los Puestos, el restaurante regional de Adrin Garca del Ro, Adrin fue otro pionero. Primero tuvo un hostal (Villar del Ala, que cerr al pblico y recientemente volvi a ser su casa), luego se dedic a las cabalgatas, y hace dos aos cambi a la restauracin. Construido con materiales de la zona y decorado por su mujer Luca del Campo, el restaurante tiene una ubicacin estratgica: est en la entrada del pueblo. All nos instalamos, encantados de estar en un agradable y tranquilo lugar, a resguardo del ardiente sol de medioda.

Ms tarde nos mudamos de hostera. Lili Feijo y Csar Rodrguez Marquina, nos abrieron las puertas de Quinta La Pacea, donde nos permitimos un merecido descanso. Tal como su nombre lo indica, tras las antiqusimas paredes de adobe encontramos cierta paz atrincherada, dispuesta a invadir al recin llegado; de ms est decir que nos dejamos llevar sin mucho esfuerzo y dormimos la sagrada siesta.

El matrimonio tucumano de arquitectos aprovech la crisis de 2001 y prepar la finca familiar para concretar un viejo proyecto: recibir gente en un lugar no muy diferente de la propia casa. As, en un jardn lleno de verde y olores caseros, reciclaron la construccin original y a partir de all fueron ampliando y construyendo nuevas habitaciones.

Esa noche dormimos envueltos por un silencio absoluto, y al da siguiente, despus de un delicioso desayuno servido en la vajilla inglesa de Lili, seguimos camino.

Estallido de colores

Purmamarca nos recibi con toda su grandeza y al mismo tiempo, simplicidad. Nos instalamos en La Comarca, de Ricardo Assaff y su familia, que se encuentra a 800 metros del pueblo. Se trata de un complejo de cabaas, habitaciones, local de compras y restaurante de alta cocina andina que no est integrado, sino unido por caminitos de piedras. Tambin tiene una sala central, pileta climatizada, mini gimnasio y spa. Pero lo ms placentero del lugar son las terracitas de cada ambiente, donde uno puede instalarse a leer o simplemente a admirar el paisaje, que se divisa entre las construcciones.

Enseguida nos dirigimos a la plaza, donde paseamos entre los puestos de artesanas encontramos las mismas que en Tilcara y la iglesia. Subimos y bajamos las pocas callecitas que trazan este pueblo demasiado famoso ya, admirando una y otra vez las distintas vistas que ofrece el cerro de los Siete Colores, en el que se apoya.

Despus de almorzar, descansamos un rato a la sombra de los rboles; una vez repuestas las energas, emprendimos un trekking de tres kilmetros por un circuito que comienza en El Porito un cerrito bastante petiso y fcil de subir para quien no tiene mucho entrenamiento, pasa por el costado de las canchas de ftbol (hicimos de hinchada en un partido bastante emocionante) y por detrs de Los Colorados, para terminar en el cementerio. Muertos de calor pero pipones de vistas espectaculares que inventan las formaciones de las rocas y los colores de las montaas que rodean el lugar, volvimos al pueblo para hacer una visita a alguien muy particular.

Barbarita Cruz nos estaba esperando. Esta purmarquea fue una adelantada a su tiempo, y es en el pueblo toda una celebridad. Fue coplera, maestra, ceramista, ollera No slo ya reciba gente en su casa hace ms de 40 aos mucho antes de que abrieran hoteles y posadas sino que adems tena un taller donde enseaba arte. A sus alumnos les mostr cmo modelar la arcilla, y su casa se llenaba de chicos y grandes que aprendan y compartan sus conocimientos sobre dibujo y cermica, hacan vino y mistela, y sobre todo, cantaban.

Este dulcsimo e inteligente personaje nos abri las puertas de su casa, nos invit a tomar asiento y nos regal la conversacin ms alegre y amena que pudimos imaginar. El tiempo se nos pas volando mientras escuchbamos las historias de Barbarita y recorramos su casa, llena de pinturas y artesanas que sus amigos le regalan. En un espacio en la pared, sin mayores destacados, cuelgan los que ella llama con un poco de vergenza sus premios: menciones y condecoraciones a su labor, incluido el cuadro donde se la declara Patrimonio Vivo de la Humanidad por la UNESCO.

Nos fuimos de all con promesas de volver; nos queda la experiencia de probar el mistela (que estaba an en estado de maceracin) cuando estuviera listo, en un par de meses.

El da siguiente nos trasladamos a la Hostera Del Amauta, que atiende personalmente Mercedes Avarello a una cuadra de la iglesia. All conocimos a Nunita, su gata, gracias a quien, desde que abri en enero del ao pasado admite mascotas.

Justo al lado, bien pegadito, est Los Morteros, el restaurante de Carlos Cartucho Antoraz, uno de los arquitectos con ms obras en el pueblo. All nos recibi Tere, encargada de comandar el equipo de cocina y de disear la carta. El restaurante inaugur este ao un nuevo saln comedor, y habilit la cava para hacer picadas y comidas especiales. Probamos una exquisitez tras otra, dejamos nuestras felicitaciones en el libro de visitas de Cartucho, y nos retiramos a perseguir las batucadas que haban salido a la plaza a homenajear a San Cayetano. Despus de la misa, tres bandas con bombos, quenas, platillos y fuegos artificiales salieron en procesin alrededor de la plaza. Mezclndonos con lugareos y turistas, los seguimos hasta que nos venci el sueo.

El largo atajo


En la maana de nuestro ltimo da, nos enteramos de que un piquete estaba bloqueando la ruta 9, justo en la entrada de Purmamarca, y nadie poda ni entrar ni salir del pueblo.

Despus de un ratito de deliberacin, decidimos con Bebe tomar otro camino, bastante ms largo y duro, pero a la vez mucho ms lindo.

Salimos de Purmamarca por la ruta 52, subiendo la Cuesta de Lipn de ms de cuatro mil metros hasta llegar a las Salinas Grandes, donde hicimos un alto.
Aqu caminamos un poco por el inmenso ocano de sal y nos acercamos a las piletas para ver a los trabajadores. Nos topamos con unos personajes tapados de pies a cabeza como si fueran bandidos, y que, por si fuera poco, tenan grandes cuchillos. En realidad lo nico que hacen ellos es vender artesanas de sal, y nos distrajimos un poco mirndolos mientras las tallaban. Al ratito entendimos por qu estaban tan emponchados. El reflejo del sol en la blancura del suelo es enceguecedor y la piel se reseca enseguida.

Retomamos entonces por la ruta 40, y cruzamos la puna para volver a Salta por San Antonio de los Cobres. Y si bien la vuelta completa nos llev algo ms de seis horas, las aprovechamos para comentar las peripecias del viaje, los problemas de la Argentina, el atraso del avin, el piquete en la ruta...

Y estuvimos de acuerdo en que nos cost llegar, desacelerar y adaptarnos al ritmo norteo, pero una vez que la Pachamama nos recibi y acogi, quizs, slo quizs, ya no nos quiso dejar ir tan fcilmente.


Por Luca Jutard
Fotos de Bebe Tesio


Publicado en Revista Lugares 125. Septiembre 2006.

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