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El paraíso en el Caribe: las playas de Panamá

Bocas del Toro y San Blas cunplen el sueño de quien busca naturaleza en parajes poco explorados

Bocas Town

Lo notará apenas ponga un pie en tierra firme. Aquí el tiempo no cuaja en horas-reloj. Un buen ejercicio es sacarse ese artefacto de la muñeca y hacer el intento de adaptarse a los ritmos locales. Segunda sensación inevitable: piel y ropa sudan en simultáneo, no hay brushing ni planchita que resistan el afán alborotador que la humedad ejerce sobre el pelo. Y hay que tomar más agua de la cuenta. Una de cal, otra de arena: esa humedad es justamente la responsable de que todo se mantenga verde, verdísimo tal como está.

En las tres o cuatro cuadras que tiene el pueblo, hay hotelitos de atmósfera nostálgica, albergues juveniles, pensiones económicas y casas en alquiler. Los que prefieran anclar en un resort con todas las comodidades pueden optar por el flamante Playa Tortuga. En plan familiar, sobre todo con los más peques, es más que recomendable.

El pueblo es además el lugar para conocer el carácter amable y carismático del bocatoreño, escuchar reggaeton hasta decir basta, tomarse un jugo espirituoso en un puesto callejero, probar la sopa de rondón (de pescado con leche de coco), aprovisionarse en un supermercado chino (aquí también la comunidad asiática tiene ese monopolio) y asumir la primera tarea para descubrir el resto de las islas: conseguir una lancha, porque es donde transcurre la mitad del tiempo.
Nada mal, eh, pero conviene asegurarse de que ese tiempo sea provechoso.

 

 

Boca del Drago y Punta Caracol

El norte de la isla Colón es un buen arranque para explorar la biodiversidad bocatoreña. Los tours en lancha recalan en Boca del Drago, el punto más cercano a tierra firme, con pequeñas playas de arenas tibias, aguas tranquilas y una costa ondulante dibujada por las ramas despeinadas de las palmeras. Dicen que éste fue el primer lugar que tocó Cristóbal Colón en su viaje desde Costa Rica.

Conviene saber que es bastante concurrido porque aquí hay una feria de artesanos y está el restaurante Yarisnori, donde se apiñan los turistas para tomar una limonada y saborear algún plato de frutos de mar, a pasos de la playa.

Muy cerca y sobre la misma costa, en una bahía de aguas turquesas, se descubren decenas de estrellas de mar, bien cerquita de la orilla. Parece como si alguien las hubiera puesto ahí para extasiar al recién llegado.

A mitad de camino entre Boca del Drago y la ciudad, se descubre una sucesión de cabañas verdosas conectadas por un largo muelle. Es Punta Caracol Acqua- Lodge, el complejo administrado por el catalán José Luis Bordas y su familia.

Los nueve palafitos se asientan sobre pilotes en medio del mar, coronados por techos de hojas de penca. Hay unos paneles solares, y por dentro cuentan con todas las comodidades necesarias, ambientados con gran sentido estético.

 

Cayos Zapatillas


Todos los requisitos de la postal caribeña se cumplen a la perfección: aguas que cambian de azul a verde rodeadas de una plataforma de coral, marea de peces de colores y una frondosa vegetación que se prolonga hacia adentro en un bosque tropical. Por todo esto, los Cayos Zapatillas, dos islitas mínimas enfrentadas que pertenecen al Parque Nacional Marino Isla Bastimentos, son las favoritas de los extranjeros. Nada que ver con el calzado, el origen del nombre se debe a una fruta de la zona.

Cuatro especies de tortugas marinas (verde, carey, caguama y canal) nidifican aquí entre los meses de abril y julio. Con suerte, se las puede ver entrando en la isla para desovar o quizás se lleguen a discernir sus huellas.

Muy cerca de los Cayos se encuentra Coral Cay, un spot obligado de snorkel por la baja profundidad de los arrecifes y la buena visibilidad. Este lugar es parada regular de las lanchas porque hay tres restaurantes sobre pilotes, todos con similar oferta de platos y precios asequibles.

El plan consiste en acercarse a una ventanilla para hacer la comanda, esperar a que la anoten en los azulejos de la cocina y mientras todo se sartenea, ir a "snorkelear" entre los manglares. Vida difícil...

Al norte de la isla Bastimentos, otra playa fetiche de los jóvenes es Red Frog, además de la aledaña Polo, elegida por los surfers. Largas extensiones de arenas blancas, oleajes y remansos, hamacas de madera que cuelgan de los troncos retorcidos de los almendros, un par de duchas, una cancha de voley y un puestito donde ocasionalmente venden algo para tomar. Eso es todo. Aquí las protagonistas son las ranitas rojas, una especie del tamaño de un botón que los niños del lugar suelen mostrar a los turistas. Estas diminutas criaturas corren peligro de desaparecer por la construcción de un mega resort sobre la playa, que irónicamente se llama Red Frog Beach Club.

Por último, hay que salir a mar abierto y llegar a la Bahía de los Delfines. Allí, es cuestión de apagar el motor de la lancha, dejarla al garete y esperar a que aparezcan los cetáceos. Y aparecen. Ni dos ni tres: son montones. Con sus saltos perfectos, casi ensayados, se desplazan a gran velocidad al lado de las lanchas, debajo, no dan respiro. Increíbles.

 

San Blas

Ya desde la avioneta la geografía en miniatura presagia el paraíso que realmente es: un rosario de puntitos en la inmensidad turquesa. Justo donde la pista de aterrizaje termina, empieza el mar. Ni un metro más de margen.

San Blas es un mundo más allá de lo imaginable, incontaminado y virgen, que encanta y enamora, que obliga a pellizcarse a cada rato para confirmar que eso está pasando y uno está ahí mismo, presenciando ese milagro. Lejos de todo.

Tierra de la etnia kuna (la ley les reconoce el derecho sobre toda la comarca, una franja angosta que se extiende del noreste al noroeste del país), es prácticamente un estado autónomo con un congreso colectivo presidido por un líder (el "Sahila"), si bien está bajo la órbita del gobierno panameño.

Aquí no resuena la voz de la modernidad. El concepto mismo de propiedad privada se vuelve relativo, porque cada poblador tiene dominio "implícito" sobre alguna isla. No tienen un título de propiedad y a nadie se le ocurre vender la tierra de sus ancestros, aunque no faltan las ofertas de extranjeros que pondrían todos los billetes del mundo con tal de obtener una porción de este edén.

Es el caso de Eligio Alvarado, un miembro de la comunidad kuna que se fue a estudiar sociología a Salamanca y volvió a su aldea para desarrollar un proyecto ecoturístico. Tenía una hermosa islita de 100 metros cuadrados rodeada de corales y ahí decidió construir lo que hoy es Yandup Island Lodge. En 2003 terminó las ocho cabañas circulares sobre ángulos diferentes de la isla, de modo que todas tienen el privilegio de un encuadre único del mar que la rodea.

De más está decir que no hay teléfono, ni internet y la luz sólo dura un par de horas a la noche (ahora van a incorporar paneles solares), pero a quién le importa.

El panorama cambia con la llegada de los cruceros en diciembre, época desaconsejada si lo que se busca es sosiego.

Desde el lodge proponen al menos un paseo por día: recorridos por los manglares, observación de aves y visitas a islas deshabitadas, diminutas y sin un alma. La isla Iguana es una de las más impactantes. Las aguas que bañan sus arenas finas abarcan todas las gamas de azules y verdes e invitan a hacer snorkel entre coloridas esponjas, corales y peces de todo tipo. Si se logra salir del agua, vale ese sacrificio para dar la vuelta a la isla, descubrir alguna tortuga de carey (en peligro de extinción, sobra decirlo), o visitar el cementerio, comprar una "mola" (entre u$s 10 y u$s 50) y presenciar una danza típica, para que, a la vuelta, la memoria emotiva evoque mucho más que bellas imágenes.

 

Cuánto cuesta el viaje
Paquete Panamá + playas: ciudad - San Blas - Bocas del Toro. 7 noches, u$s 2.610 + impuestos y tasas, por persona en base doble.


Son 2 noches en el hotel Crowne Plaza con desayuno, recorrido por la ciudad capital con una visita al Canal; 2 noches en San Blas en el Sapibenega the Kuna Lodge con pensión completa y 3 noches en Bocas del Toro con media pensión alojándose en el Hotel Playa Tortuga.
La tarifa incluye el pasaje aéreo Buenos Aires-Panamá-Buenos Aires, traslados in-out al aeropuerto y es válida desde el 1 de febrero hasta el 31 de marzo 2010.

Paamul Travel
T: 4322-9510 / 4353
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Por: Cintia Colangelo

Fotos: Damián Hernández

 


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