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La costa, rumbo norte

Créase o no, la ciudad tiene un horizonte abierto hacia un río que semeja un mar. Conocerlo depara paseos pintorescos y sitios históricos para visitar en las afueras, desde Vicente López hasta Tigre.

El Paseo de la Costa, en Vicente López.

Si por momentos Buenos Aires parece perdida en medio de la pampa, la ciudad está a orillas de un río −el más ancho del mundo−, conocido como Mar Dulce. Sin embargo, durante décadas los porteños le dieron la espalda al paisaje fluvial, aunque en los últimos años se han abocado a recuperarlo. Históricamente, una serie de balnearios, hoy desaparecidos, jalonaron la orilla del Río de la Plata, desde Quilmes hacia el Norte.

En la Capital Federal, la Reserva Ecológica de Costanera Sur es hoy uno de los lugares de encuentro (ver Puerto Madero), y la Costanera Norte otro, bastante venido a menos.

En la provincia de Buenos Aires, uno de los más próximos, también recuperado, es el Paseo de la Costa, en Vicente López (en lo que se conoce como Gran Buenos Aires), unas cuantas hectáreas verdes para caminar, tomar sol y disfrutar del horizonte sin límites del agua.
Comienza en la calle Laprida, al 200 de Avenida del Libertador y, siguiendo el río, se extiende hasta Hipólito Yrigoyen: el paseo se une por un puente peatonal con el también costero Parque de los Niños.
Yendo hacia el norte, el parque cuenta con un anfiteatro para mega recitales y la sugestiva silueta del Monumento de Fin del Milenio, dos elegantes flores de cemento diseñadas por Amancio Williams, un notable arquitecto argentino. Todo el recorrido está dotado de juegos para chicos, además de bares y parrillas. Se puede tomar sol (hay duchas al aire libre para refrescarse y baños públicos) y en las tardes y noches de verano, resulta un lugar fresco y amable.

Casi llegando al final, a la altura de la calle Arenales, una península se interna en el río. Allí hay más juegos, un gran playón para patinar y lo más importante, un mirador para disfrutar largamente del panorama del río color de león.

Un poco más adelante, ya en La Lucila, la pequeña Reserva Ecológica de Vicente López permite observar más de 200 variedades de aves. Son sólo tres hectáreas, con una lagunita y un pantano, atravesadas por pasarelas y sendas peatonales. Los sábados de 9 a 18, un representante de la asociación Aves Argentinas está a cargo del observatorio.

A esa altura, el Tren de la Costa ya se ha asomado al río: se trata de un antiguo ramal que, desde 1896, unió Retiro con el Tigre y que en 1961 dejó de funcionar a la altura de la Estación Mitre, en Olivos.
El tren, que comenzó siendo de carga, transportaba insumos que venían del delta (verduras, frutas, mimbre, formio, maderas) a la Capital. Luego se incluyeron pasajeros: familias de Buenos Aires que veraneaban en quintas de la zona y deportistas y paseantes que iban a los clubes de remo del Tigre o a las islas.

En 1994, con las estaciones recuperadas en su estilo inglés original, el tren volvió a cubrir nuevamente el recorrido entre Olivos y la estación Delta; resulta el mejor medio para conocer esta elegante zona del Gran Buenos Aires, de jardines extensos y casas suntuosas.
Conviene saber que no siempre la costa cuenta con un paseo público para disfrutar de una caminata o simplemente, de la panorámica del río (Vicente López y Tigre son las únicas excepciones), al que muchas veces ni siquiera existe acceso.

El tren, entonces, propone una opción interesante de itinerario, empezando por la estación Barrancas, donde los fines de semana se instala, en uno de los andenes, un simpático mercado de anticuarios. Allí mismo también hay juegos para niños, se alquilan bicicletas y rollers. Muy cerca, caminando unas cuadras hacia el lado de Martínez, se pueden encontrar algunos lugares para tomar algo y comer, como Barrancas de Alvear o un agradable restaurante, La Ventola.

Hacia el norte, la estación San Isidro es una parada obligatoria del recorrido. Dice la historia que fue el mismísimo Juan de Garay, fundador de Buenos Aires, el que parceló las tierras todas de pan llevar, que dieron origen al pueblo. En 1706, otro vasco, Domingo de Acassuso compró algunos lotes en este pago de la Costa y decidió levantar allí una capilla y una capellanía para ponerlas bajo la protección de San Isidro Labrador: aún hoy pueden verse algunas construcciones coloniales de la época.

Desde la estación del Tren de la Costa (que incluye cines, una galería comercial, bares, restaurantes y hasta un supermercado) se accede a la barranca de la Plaza Bartolomé Mitre, la principal, en la que sábados, domingos y feriados, funciona una feria artesanal de las más tradicionales de Buenos Aires con una interesante oferta de prendas de telar, artesanías en madera, cuero y vidrio, bajo la sombra de las tipas centenarias. Enfrente, la Catedral de San Isidro luce su fachada recientemente remodelada. El edificio, de estilo neogótico, fue inaugurado en 1898 y tiene capacidad para 400 personas sentadas: no es raro que sea sede de conciertos de coros.

No muy lejos de allí está el Museo Pueyrredón, una quinta de enorme parque, con vista a las aguas. Construida a fines del siglo XVIII, fue propiedad de Juan Martín de Pueyrredón, quien fuera Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por sus salones pasaron importantes figuras de la historia nacional, incluyendo al General San Martín, cuyas reuniones con el dueño de casa debajo de la sombra del algarrobo fueron, según se dice, decisivas para la independencia nacional. Años más tarde, Sarmiento plantaría el aguaribay de la entrada. Declarada Monumento Histórico Nacional, la casa conserva sus techos coloniales de lapacho y palmeras y los pisos originales de baldosas francesas e inglesas.
La costa de San Isidro no es de fácil acceso, pero uno se puede acercar al río por la calle Roque Sáenz Peña y llegar al borde del agua desde donde se pueden ver las primeras islas del delta y también tomar algo en los bares cercanos.

Hacia el Tigre, cerca de la siguiente estación del tren, Punta Chica, abre sus puertas Villa Ocampo, una residencia del siglo XIX rodeada por un magnífico jardín de 10.000 m2, que perteneció a Victoria Ocampo, destacada escritora y mecenas del arte nacional. Sus salones albergaron a importantes personalidades del arte y la literatura como Rabindranath Tagore, Igor Stravinsky, André Malraux y Federico García Lorca, entre los muchos ilustres huéspedes de su propietaria que, al morir, la legó a la UNESCO. Después de muchos años, la casa de tres pisos, construida por el padre de Victoria en un estilo decididamente afrancesado, se acaba de abrir al público aunque sólo a través de visitas guiadas.

El Puerto de Frutos, en Tigre, justo al final del recorrido del tren, es para no perdérselo: se trata del antiguo embarcadero (inaugurado en 1938) donde las chatas (embarcaciones de poco calado, ideales para los ríos del delta de profundidad variable) descargaban la mercadería proveniente de las islas. Antes de que la ciudad se abasteciera de fruta en el lejano Valle del Río Negro o en Mendoza, eran las quintas del delta las proveedoras, a principios de 1900. Con el tiempo, sus muelles transformaron sus galpones en locales de venta de muebles y artesanías en mimbre, junco y formio, frutas y verduras y flores secas (entre otros rubros que incluyen −ay− hasta artesanías importadas). La oferta de los puestos de los muelles es de mejor nivel que la de la feria contigua. En los alrededores, abundan locales que venden rústicos muebles de algarrobo, quebracho y mimbre y también objetos antiguos.

Es un paseo interesante, sobre todo porque se abre al río (está sobre el Luján) que ya muestra sus barcos oxidados, quietos definitivamente en las verdes orillas. Desde allí se pueden tomar excursiones en barco para tener una mínima visión del delta. Muy cerca están el Parque de la Costa (ver Chicos) y el casino Trilenium.

La llegada del tren, en 1865, hizo que el modesto y antiguo poblado de Las Conchas, como se conocía entonces a Tigre, comenzara un lento camino de progreso al que años más tarde contribuiría, inesperadamente, la desgraciada epidemia de fiebre amarilla que hizo que muchos porteños adinerados levantaran sus nuevas viviendas allí. Pasada la enfermedad, las casas se transformaron en villas de veraneos, tanto en tierra firme como en las islas: el escritor Marcos Sastre y el presidente Domingo Faustino Sarmiento tuvieron casas de fin de semana. La de Sarmiento, perfectamente conservada y defendida de la intemperie con una caja de vidrio, funciona hoy como Museo.

En 1916, la llegada del tren eléctrico hizo del Tigre un destino atractivo del turismo local: convocaban las islas, los clubes de remo (actividad por entonces floreciente) y el Tigre Club, donde funcionó el primer casino de la Argentina, contiguo al lujoso Tigre Hotel que en los años 20, fue lugar de esparcimiento favorito de la sociedad porteña; resultó destruido por un incendio en 1940 y totalmente demolido dos años más tarde. En pie todavía, en el bello edificio Club (al que muchos llaman equivocadamente Tigre Hotel) cuyos salones frecuentaron desde el presidente Roca hasta el poeta Rubén Darío, está por concluir una completa restauración y puesta en valor, ya que será el Centro Cultural de Tigre. Se recuperaron sus baldosas de mármol de Carrara, los pisos de roble de Eslavonia, la imponente araña de cristal y hasta los dorados a la hoja. Aún no está abierto al público.

Al lado, la Plaza Manuel Belgrano, en Saldías y Pirovano, es un lindo lugar para tomarse un descanso frente a las aguas del río Luján, bajo las pérgolas.

Aquí termina el Paseo Victorica, que, desde la estación fluvial de Tigre va bordeando el río; se trata de un camino de plazoletas, con bancos y pérgolas donde trepan las glicinas, al que dan muchos de los tradicionales clubes de remo de la zona. El más antiguo es el Buenos Aires Rowing Club (Mitre 74, próximo a la estación fluvial) de 1873, al que le siguen el Club de Regatas La Marina, creado en 1876 (un edificio imponente, del otro lado del Luján, a la altura de la desembocadura del río Tigre) y el TBC, el Tigre Boat Club (Victorica 156), en 1888.

A la altura del 602 del paseo, el Museo Naval de la Nación muestra una increíble colección de modelos a escala de todo tipo de embarcaciones. Declarado Monumento Histórico Nacional, funciona en lo que fueran los primeros Talleres Nacionales de Marina y exhibe objetos históricos, armas, mapas e instrumentos de navegación. En un solar lindero se exponen piezas de artillería y aviones de combate.

Todos los medios de transporte terrestres confluyen en Tigre en la moderna y cómoda Estación Fluvial (Mitre 305 y Avenida Cazón), desde donde parten lanchas que recorren el dédalo de islas, tanto en circuitos turísticos como para transportar pasajeros (ver Delta).
Si sucumbe al hechizo del lugar y de su lujoso pasado, y quiere quedarse algo más que una tarde, puede revivir las glorias de antaño en Villa Julia, una antigua mansión de principios del siglo XIX, originalmente destinada a residencia de verano, hoy convertida en un pequeño y delicioso hotel. El parque se asoma al Paseo Victorica y al manso Río Luján.

Paseo de la Costa
Vito Dumas y Vergara, Vicente López.
Colectivos: Líneas 21, 161, 168. Tren: Línea Retiro-Tigre (TBA), estación Vicente López.

Reserva Ecológica Vicente López
Paraná y Río de la Plata (al 4000 de Libertador), La Lucila. 4513-9858. www.vicentelopez.gov.ar Abre, en invierno de 9 a 17 y en verano, hasta las 18. Cerrado los días de lluvia y sudestada. Gratis. Hay vigilancia y baños disponibles.
Colectivos: Líneas 168 y 333. Tren de la Costa: Estación Anchorena. Tren Retiro-Tigre (TBA): Estación La Lucila.

Tren de la Costa
Desde la Estación Maipú (Olivos) a Delta (Tigre). Para llegar a la Estación Maipú: en tren, Línea Retiro Mitre II (TBA), hasta estación Mitre. En colectivo: líneas 19, 21, 59, 60, 71, 152, 203.

Oficina de Información Turística San Isidro
Ituzaingó 608. 4512-3209 / 3262. www.sanisidro.gov.ar. De lunes a viernes de 9 a 17 y sábados, domingos y feriados de 10 a 18.

Feria de Artesanos de San Isidro
Plaza Bartolomé Mitre. 9 de Julio y Libertador. Sábados y domingos de 10 a 19.

Museo Pueyrredón
Rivera Indarte 45, San Isidro. 4512-3131. Martes, jueves, sábados y domingos de 14 a 18. Gratis.

Villa Ocampo
Elortondo 1811, San Isidro. 4732-4988. Sólo con visitas guiadas, con reserva previa. Cómo llegar: Tren de la Costa, Estación Punta Chica. Colectivos: líneas 60 y 710.

Puerto de Frutos
La mayoría de los locales de la feria aledaña funcionan de jueves a domingo de 10 a 19, pero la zona de los muelles, abre todos los días de 10 a 18. Como llegar: Tren de la Costa, estación Delta. Tren: Línea Mitre, estación Tigre. Colectivos: Línea 60.

Ente Municipal de Turismo de Tigre
Estación Fluvial de Tigre. Mitre 305 (y Cazón). 4512-4497/ 4498. De 9 a 17. Como llegar: Tren de la Costa, estación Delta. Tren: Línea Mitre, estación Tigre. Colectivos: Línea 60.

Museo Naval
Paseo Victorica 602. 4749-0608. De lunes a jueves de 8:30 a 12:30, los viernes de 8 a 17:30 y sábados y domingos de 10 a 18.30.

Villa Julia
Paseo Victorica 800. 4749-0649. 4700-1332. villajulia@newage-hotels.com www.newage-hotels.com.




Fotos: Constanza Viale


Publicado en Ed. Especial Lo Mejor de Buenos Aires. Diciembre 2005.

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