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Verano en la costa

En la costa argentina, las propuestas alejadas del ruido no son una quimera. La amable lentitud de Mar de las Pampas se conjuga con los paseos al atardecer en Villa Gesell. Cariló propone aires modernos y sofisticado relax.

Sandboard en las dunas de Gesell.

La vida lenta

Son solamente unos tres kilómetros los que separan a Mar de las Pampas de Villa Gesell. Sin embargo, el cambio de paisaje salta a la vista apenas se traspasa el cartel de bienvenida, una vez recorrido el camino de arena que se desprende de la conocidísima Avenida 3, dejando atrás el asfalto y los comercios gesellinos.

La primera impresión de Mar de las Pampas es la de una aldea donde cada detalle está cuidado. A cada lado, las cabañas construidas con piedra y madera se suceden, respetando la soberanía de los pinos, auténticos reyes de esta comarca de bosque y arena.

Es que el lema de Vivir sin Prisa −que defiende a ultranza la conciencia de slow city (concepto acuñado en Italia que propone una vida menos frenética y de mejor calidad)− hizo carne en cada rincón: en Mar de las Pampas, por ejemplo, las calles no tienen alumbrado público y su trazado obedece más a los caprichos de la naturaleza que a una racional división catastral. De ahí que sus callecitas cimbreantes, salpicadas de árboles, puedan deparar ciertas sorpresas al visitante, como el hecho de caminar y caminar y llegar más de una vez al mismo lugar o el darse cuenta de que ese restaurante que pensábamos que estaba en la otra punta, en realidad siempre estuvo a la vuelta de nuestra cabaña. El desconcierto de la primera hora pasa pronto: basta empezar a disfrutar de perderse y comprender los beneficios de esta filosofía que elogia la lentitud.

Playas vírgenes

En Mar de las Pampas dicen que este gustito por la paciencia empezó de la mano de los pioneros, quienes hace 48 años levantaron la anteduna paralela al mar y plantaron más de un millón de árboles, entre pinos, cipreses y tamariscos. El bosque demoró un tiempo en formarse, pero el resultado está a la vista. Y hoy, para protegerlo, sólo se puede construir en el 30 por ciento de la superficie arbolada, previniendo el crecimiento febril que suele desatarse en los balnearios cuando se ponen de moda.

Si en sus vacaciones aspira a no abandonar el mundanal ruido, definitivamente, este no es el lugar. Las playas se extienden, anchas y serenas hasta que se confunden con la ciudad vecina, Mar Azul. Para proteger la biodiversidad y la calma visual, no se permiten las construcciones fijas sobre la arena. Por eso, para  este verano, sólo va a abrir un parador que estará montado sobre pilotes.

Un poco más allá, Las Gaviotas es otra opción para los que huyen de los balnearios superpoblados y buscan un ambiente tranquilo, íntimo y familiar. Sus extensas playas de fácil acceso y elevadas dunas naturales dibujan un paisaje agreste de características particulares donde el sol es el protagonista a toda hora. Bosques de pinos, acacias y álamos circundan a esta zona de gran variedad de complejos hoteleros. No hay prácticamente viviendas, lo que le brinda al enclave un clima particular.

Mar de arena

Pablo Domínguez es uno de los guardaparques que más sabe sobre los secretos que encierran las extensas playas del Partido de Villa Gesell. Pregunte por él en el paseo de compras que está sobre Av. Roca, entre Lucero y Los Andes y lo comprobará. En una caminata guiada, se pueden descubrir fragmentos de plaquetas de gliptodonte de 15 mil años.

Más allá, la gente de El último querandí invita a conocer en su poderoso camión 4x4 la Reserva natural Faro Querandí. Antes de llegar al faro, la excursión propone un momento de adrenalina: una parada en una duna estratégicamente elegida para deslizarse en las tablas de sandboard provistas por la empresa.

En el faro, la escalera caracol que trepa 54 metros hasta el mangrullo de observación tiene como premio la vista espectacular del océano y las dunas costeras, iluminadas por este vigía marino desde 1922.

Piedra, madera, vidrio y mar


El aire agreste y descontracturado de Mar de las Pampas tiene mucho que ver con su buena oferta de cabañas y aparts. Como las construcciones son nuevas y responden a las máximas slow, el resultado es un sin fin de propuestas agradables, en las que cada vez se nota más la influencia de la impronta patagónica en su arquitectura, con predominio de la piedra y la madera.

La mayoría de los alojamientos son atendidos por sus dueños. Es el caso de Runa Moraira, el proyecto familiar de Mónica Siffredi y sus tres hijos, un flamante complejo de cabañas casi a orillas del mar y rodeado de pinos. Aquí la piedra y el vidrio son el leit motiv. “Armé ocho casas para mí”, cuenta ella y la dedicación es evidente: la decoración de cada cabaña es única y no faltan los muebles de anticuario reciclados por la dueña de casa y los originalísimos cuadros naïf pintados por su madre Susana.

Una opción menos personal resulta la de Miradores del Bosque, un complejo de aparts bien completo que se destaca por su propuesta recreativa para los más chicos, sus servicios de spa y una muy linda piscina climatizada.

En versión departamento, están los de El Mar. Todos con vista a la playa, sobrios y simpáticos y con un detalle interesante: a ninguno le falta su bañera con hidromasaje.

La tierra del pionero


Quien se aloje en una cabaña de Mar de las Pampas y no planee comer afuera todos los días, tendrá que proveerse de todo lo que necesite en Gesell o en Mar Azul, ya que en Mar de las Pampas no hay mercados. Dicho sea de paso, aproveche la señal de celular de la cual no quedarán rastros al volver a las Pampas (otro de los lineamientos lentos que en un principio alarman a los espíritus citadinos, pero que luego acaba siendo un beneficio agradecido).

Sea como sea, Villa Gesell puede ser más que una posta. Visitar el Vivero Municipal y el circuito norte de casas históricas, remite a la visión de don Carlos Gesell, el fundador de la ciudad, que empezó a domar el desierto de dunas en 1931, cuando construyó la primera casa −que hoy funciona como museo− con la idea fija de aprovechar la madera del bosque para su empresa de muebles infantiles, muy lejos de vislumbrar el rumbo turístico que tomaría su desafío personal. Además de conocer alguno de los originales inventos del pionero, como el rompeolas o el enfriador de leche para granjas, las guías del municipio pueden sugerirle interesantes programas vespertinos. Uno, en versión tranquila, es el tomar el té en El Churrinche, que fue propiedad de la segunda mujer de don Carlos y en donde se come un riquísimo lemon pie. También está la opción de Repostería Austríaca o la picada con cerveza artesanal que bien se sirve en El Viejo Hobbit o en El Picadero.

Para un poco de acción, Gesell ofrece buenas cabalgatas y una travesía en cuatriciclos que recorre las dunas desiertas del norte (aprovechando también que esta ruidosa actividad no está permitida en la serena Mar de las Pampas).


Distinción minimalista

Por su parte, Cariló suma cada año infraestructura y servicios para recibir a sus visitantes. Una de las buenas noticias es que el municipio logró ponerse firme contra ciertos desarrollos inmobiliarios que amenazaban el entorno natural de bosques que siempre identificó al lugar.

Para este verano, la novedad en alojamientos está signada por un estilo sumamente moderno que propone ambientes despojados en los que el blanco –muy blanco− y los pasteles, son los colores dominantes. Muy a lo Puerto Madero, pero en plena costa atlántica.

Uno de los más nuevos (abrió en julio de este año), es el complejo de departamentos Cariló Sweden, un emprendimiento que presta especial atención a los detalles. Cada departamento cuenta con tres amplios e impecables ambientes distribuidos en dos plantas, deck con vista al bosque y cochera propia con entrada individual para dos vehículos. La piscina y el jacuzzi están cubiertas por un techo transparente que permite utilizarlos aun en días de lluvia.

La opción flamante frente al mar es Cilene del Mar, apartamentos, penthouses y dúplex −modernísimos también− con ventanales de pared a pared. Si tiene la posibilidad de darse el lujo, elija el penthouse del tercer piso, en donde nada estorba la visión del paisaje marino. El minimalismo continúa como sello en los 27 departamentos que el complejo Cilene del Centro sumó hace unos meses, que además incorporó piscina al aire libre y sauna.

Un clásico

Lo bueno conocido a veces ofrece algo nuevo por conocer. Es lo que ocurre con el apart & spa Cariló Village y su renovado Health Club, que estrenó una piscina climatizada exclusiva para adultos y agregó tratamientos antioxidantes, como la chocolaterapia y vinoterapia a su gama de servicios.

Entre ellos, apunte el tratamiento Vulcano, que trabaja distintas partes del cuerpo con un masaje de piedras calientes y ayuda a lograr una relajación total en un ambiente tenuemente iluminado por velas.

Después del relax, nada mejor que cruzarse a La Ronda −el restaurante del apart− y probar los sabores de su cocina francesa y mediterránea, en donde los huéspedes del Village tienen, exceptuando las bebidas, todo incluido.

No se vaya de Cariló sin darse una vuelta por Tiramisú, el restaurante y bar de La Hostería Cariló. La carta fue preparada por el chef Donato De Santis y su ecléctica ambientación lo convierten en un espacio agradable y muy estimulante.


Por Florencia Zielinski

Fotos de Guido Piotrkowski

Publicado en Revista LUGARES 127. Noviembre 2006.

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